Alicante se engalanó ayer para vivir el día grande de la Semana Santa, el Domingo de Resurrección. Hasta el cielo respetó la fiesta y lució el sol en el comienzo del recorrido y, aunque durante el transcurso de la procesión las nubes persiguieron a los participantes, la única lluvia que cayó por la mañana fue la de las aleluyas de colores, que convirtieron en arco iris el suelo de la plaza del Ayuntamiento.
Miles de ciudadanos avanzan desde todas las calles y avenidas de la ciudad, desde primera hora de la mañana, en su particular procesión hacia los dos puntos de salida de la procesión: La Concatedral de San Nicolás y la Basílica de Santa María.
La plaza del Ayuntamiento, donde tendrá lugar el tradicional encuentro, va llenándose poco a poco de alicantinos, que intentan encontrar el mejor sitio para verlo y sentirlo de cerca. Los balcones están vestidos, el escenario preparado para el canto del Gloria y los ciudadanos visten sus mejores galas para recibir al Cristo Resucitado y a la Virgen de la Alegría.
A las 11.45 salen ambos tronos de la Concatedral y la Basílica. El primero de ellos, portado y acompañado por representantes de todas las cofradías de la Semana Santa alicantina, con la cara descubierta, y arropado por los presidentes de las mismas, los capataces de años anteriores, la presidencia de la Junta Mayor de Hermandades y la banda de música.
El segundo, la Virgen de la Alegría, este año más alicantina que nunca, con las estrellas de mar y las redes de pescador adornando su manto, sale de la Basílica de Santa María portado por foguerers y barraquers vestidos de zaragüelles. Lo acompañan representantes de las Hogueras, incluida la Comisión Gestora y las Belleas adulta e infantil, Raquel Alcaraz y Lara Real. Entre las manolas o damas de mantilla, blanca, como manda la tradición en el día de la Resurrección, se encuentran Belleas de años anteriores. También arropando a la Virgen están representantes de los Moros y Cristianos, en una procesión que aúna la fiesta y la tradición alicantinas como ninguna.
Las collas de dolçainers y tambores anuncian a los ciudadanos que abarrotan la calle Jorge Juan que la Virgen avanza hacia el Ayuntamiento. Estallan los aplausos cuando, al mismo tiempo, el trono del Cristo Resucitado traspasa uno de los arcos del Consistorio y se encuentra, frente a frente, con la Virgen, en una de las imágenes más bonitas y esperadas por los alicantinos.
Se encuentran, también, los séquitos y comienzan a llover, de los balcones del Consistorio, las aleluyas de colores, con las imágenes de todas las hermandades alicantinas.
La banda toca el himno de España y los costaleros bailan al mismo paso los tronos, para delicia de los feligreses, que se afanan por capturar las aleluyas. La tradición dice que cada papelito que uno caza al vuelo es una petición que se cumple y, de ser cierta, miles de alicantinos vieron ayer cumplidos cientos de sueños.
Cualquier recipiente es bueno para capturarlas. Algunos aprovechan los carritos de bebés, que pronto se vuelven multicolores. Otros, precavidos, han traído bolsas de plástico que usan como cazamariposas. Los hay también que aprovechan los capirotes de su hermandad a modo de cucurucho. Niños y no tan niños se divierten recogiéndolas del suelo y coleccionando todos los modelos y colores, intercambiándolos entre ellos.
La plaza del Ayuntamiento es una fiesta y la música no falta. El encargado de poner la voz es Antón Moreno, que entonó el Gloria que el mismo ha adaptado del texto litúrgico. Los miles de congregados guardan silencio para escucharlo a él, al coro y a la prodigiosa guitarra de su padre, Pedro de Hellín.
Tras la bendición del consiliario de la Junta Mayor de Hermandades, Francisco Bernabé, acompañado en el balcón central del Consistorio por varios miembros de la misma, incluido el presidente, Manuel Ricarte, y por el concejal de Fiestas, Antonio Llorens, el cantautor alza de nuevo la voz para cantar un fragmento del Salmo 112 y otra vez el Gloria, que pone la piel de gallina a los feligreses, que lo aplauden calurosamente.
Con la espontánea saeta de una feligresa que sale al paso, da comienzo el camino conjunto del Resucitado y la Virgen de la Alegría, que traspasan el arco de la Audiencia hacia la calle Cervantes y la plaza del Mar. Después, el popular y vistoso desfile por la Explanada de España, donde el blanco de las mantillas, de las casullas de los cofrades de la Alegría y de la misma Virgen contrasta con el verde de las palmeras. Los viandantes se apartan a los lados y dan paso a la comitiva y se oyen murmullos de admiración hacia el manto floral, la música y la presencia de los representantes de las fiestas y la Semana Santa.
Un colofón alegre y popular para una Pascua algo accidentada por los cambios de recorrido, de horario, la caída de la puerta de Santa María y el destrozo de la imagen del Cristo de la Caída.