Como si de un pacto entre caballeros se tratara, el tiempo dio una tregua para que saliera a la calle la procesión del Sábado Santo que cada año protagoniza el Caballero Cubierto, en esta ocasión el magistrado Julio Calvet Botella. La accidentada Semana Santa del 2007 toca a su fin sin permitir que quienes todavía tienen que salir hoy en procesión dejen de mirar al cielo por si a las nubes les da por descargar el agua que ha deslucido buena parte de las fiestas mayores del municipio. Ayer por y a pesar de los malos augurios, la procesión del Santo Entierro pudo cumplir con la tradición. Calvet Botella, presidente de la sala novena de la Audiencia Provincial de Alicante con sede en Elche, tuvo el honor de ser la única persona que recorrió, sin descubrirse la cabeza, la Catedral.
Encargado de portar el pendón enlutado que abre el único cortejo pasional que organiza el Ayuntamiento, el juez oriolano, cofrade del Perdón y hermano de Los Pilares de La Soledad, cumplió así con el nombramiento que se realizó en Pleno hace casi un mes.
A las ocho de la tarde partió la procesión del Entierro desde la iglesia de las Santas Justa y Rufina. Enfilaron la calle Mayor hasta la Catedral, donde ante el arco de entrada, el Caballero Cubierto miró hacia arriba, al interior del templo, y con paso firme se dispuso a recorrerlo para salir por la antigua calle de La Feria, ahora Doctor Sarget. Le seguía una larga fila de hombres que iban delante del paso de San Juan de la Palma y que apagaron sus velas antes de introducirse en el templo catedralicio. En los orígenes, en el siglo XVII, la procesión del Santo Entierro estaba organizada por los distintos gremios de la ciudad y el Ayuntamiento. De hecho, El Triunfo de la Cruz de Nicolás de Bussy era portado por los labradores y cada una de las imágenes por los distintos profesionales del municipio. La Diablesa rompió, como siempre, el orden de la procesión al no entrar a la Catedral. Sus porteadores aguardaron al resto del cortejo, al que seguía el Cristo Yacente y La Soledad junto al resto de la sociedad civil oriolana.
Antes de la procesión uno de los claustros de Santo Domingo fue escenario de la tradicional recepción que el Consistorio da al Caballero Cubierto. Allí se dieron cita centenares de personas que escucharon las palabras, agradecidas y emocionadas de Calvet Botella. El magistrado reveló, en uno de los enclaves que lo vio crecer, que su emoción estaba «apenas contenida, el orgullo encendido y el alma derramada» y aseguró que el ser oriolano «es el mejor título que se puede tener». Después de agradecer a su familia y al Ayuntamiento el apoyo que le han brindado, Julio Calvet se mostró satisfecho de engrosar una lista de hombres ilustres a los que presentó su respeto y entre los cuales hay varios familiares suyos como su tío, Álvaro Botella y su primo Francisco Botella, que ya fueron caballeros cubiertos.