La del pasado jueves fue una procesión llena de incidentes para la Hermandad Salesiana de la Santa Cena. Sin duda, el más grave fue la rotura de la imagen del Cristo de la Caída, a unos metros de descansar en el santuario de María Auxiliadora y por un fallo del conductor de la grúa que la transportaba. Los miembros de la hermandad están «desolados» con la inmensa pérdida, más por su valor sentimental que por el económico, que deberá abonar el seguro de la empresa de transportes.
El accidente se produjo justo en la entrada al patio de la parroquia. «El conductor iba a una velocidad excesiva, 30 o 40 kilómetros por hora, y, al ir a subir al bordillo, primero se desestabilizó hacia la derecha y, cuando subió la segunda rueda, pegó un tremendo latigazo hacia la izquierda», rememoran los cofrades, apenados.
No se explican cómo el conductor giró de forma tan temeraria y apuntan que la imagen ya había sufrido daños en el paso por la avenida Óscar Esplá, «donde se le enganchó en un cable y se vieron afectados la cruz y dos dedos del Cristo». Probablemente en ese momento ya se desestabilizó y terminó de hacerlo en el último giro.
Tan tremendo fue que «arrancó la imagen del pie de cuajo» y cayó al suelo, donde se destrozó por completo. Muchos miembros de la hermandad fueron testigos del accidente y vivieron uno de los peores momentos de sus vidas al ver el trono destrozado. El capataz de la Caída, Alberto Guijarro, sufrió un ataque de ansiedad y su salud se ha visto resentida. «La imagen era desoladora, había hombres de dos metros llorando y derrumbados por lo que había pasado», apunta Luis Tormo, presidente de la Hermandad de la Santa Cena.
«Yo estaba en ese momento en la esquina, pero me aparté hacia el lado derecho para verle la cara al Cristo mientras entraba», explica Arantxa Tormo, la hija del presidente. «Si me llega a pillar allí yo no me aparto, sino que intento sujetarlo para que no se rompa», añade, emocionada.
El Cristo ha quedado completamente «hecho añicos», aunque «hay cinco piezas grandes, la cabeza, el tronco, un brazo, el otro con la cruz y la base». Fueron ellos mismos los que se apresuraron a recoger los pedazos del suelo, con la esperanza de poder reconstruirlo. «Nos echamos todos encima y conseguimos recuperar todas las piezas, que guardamos enseguida para que no se perdieran», comentan los cofrades. En ese mismo momento decidieron no enseñarle a nadie al Cristo en esas condiciones. «El año que viene lo verá todo el mundo en la procesión, si Dios quiere».
Eso sí, apuntan que «no volveremos a utilizar grúas» para trasladar los tronos desde Puerta del Mar, «preferimos llevarlos nosotros, aunque sea con ruedas».
Confían plenamente en que Hernández Navarro, el escultor padre del Cristo, pueda restaurarlo. «Nos ha dicho que sí que es posible, además, es una de sus creaciones más queridas, porque marcó un antes y un después en su carrera como imaginero», afirma Luis Tormo. Salió en procesión por primera vez en 1994 y del mismo escultor son la Auxiliadora, de la misma hermandad, y el Cristo de la Humildad y la Paciencia.
La rotura de la venerada imagen fue el colofón de una procesión que encontró obstáculos desde el principio del recorrido e incluso antes del Jueves Santo. Al parecer, el Ayuntamiento instó a la cofradía a que girase desde la calle San Juan Bosco hacia General Marvá, para pasar por Luceros hacia Alfonso el Sabio, pero ellos se negaron, porque las obras de la plaza «dificultaban mucho el recorrido, sobre todo para el trono de la Santa Cena, por sus dimensiones», explica el presidente de la hermandad, Luis Tormo.
Decidieron, en cambio, y a través de la Junta Mayor de Hermandades así se lo hicieron saber al Ayuntamiento y a los medios de comunicación, atravesar General Marvá hacia la calle Poeta Quintana, y allí girar por Pablo Iglesias. «El Ayuntamiento no estaba dispuesto a quitar los pivotes de la calle Quintana, pero estudiamos el camino y vimos que podíamos pasar con ellos», explica Tormo.
Ignorados
En la mañana del jueves, los cofrades se extrañaron al ver que la Policía Local estaba señalizando el paso de la procesión franciscana por Capitán Segarra, pero no la suya por Pablo Iglesias. «Les pregunté y me dijeron que iban a señalizarlo más tarde pero la sorpresa vino cuando fuimos a girar y nos la encontramos llena de coches», dice el presidente.
Con los cuatro tronos en marcha, el momento fue de cierta tensión. La Policía, dicen, «se portó estupendamente» y «levantó los contenedores de Quintana, hasta el cemento, para que pudiésemos seguir por ahí», pero, «si no llega a pasar la procesión franciscana por Capitán Segarra, nos hubiéramos quedado atascados».
Los cofrades están molestos porque el incidente retrasó la venia veinte minutos: «Siempre somos puntuales y no nos gusta hacer esperar a la gente», apuntan. Además, creen que el Ayuntamiento no se ha portado con ellos todo lo bien que debería.
«Nosotros les hicimos llegar nuestro itinerario, con toda formalidad, e intentamos evitar cualquier tipo de polémica con ellos, porque no queríamos enturbiar el ambiente de la Semana Santa, pero no se puede jugar con los sentimientos de una hermandad», apunta Tormo.
Por eso, harán llegar su queja por escrito, no a la Concejalía de Fiestas, sino «por Registro», para que quede constancia formal de la misma.