Viernes, 6 de abril de 2007
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La Santa Cena pudo con todo
La hermandad salesiana superó un recorrido difícil para, a pesar del retraso, lucir en su esplendor
La Santa Cena  pudo con todo
VOLCADOS CON EL TRONO. Costaleros de la Santa Cena, bajo el mando de Alejandro Cánovas, durante la procesión de ayer. / LOLA GUIL
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De lo popular y familiar a la grandiosidad y el silencio. El Jueves Santo, como el resto de los días de esta Semana Santa, mantuvo a las cinco cofradías que salían en procesión en Alicante mirando al cielo. Las nubes prometían tormenta, pero se amilanaron ante los tronos llenos de simbolismo de las hermandades de la Santa Redención, la Santa Cena, el Perdón, Nuestra Señora de la Piedad y Cristo de la Buena Muerte. El perdón, la constitución de la eucaristía y el anticipo de la muerte centran la simbología del Jueves Santo.

Una de las procesiones más populares en este día es la de la Pontificia, Real, Ilustre, Venerable y Salesiana Hermandad de la Santa Cena, por ser el trono que les da nombre el de mayores dimensiones y por la participación activa de los alumnos del Colegio Salesiano.

La grandiosidad de la procesión se vio, sin embargo, deslucida cuando, al intentar seguir el camino que habían anunciado con antelación, se encontraron con la calle Pablo Iglesias sin cortar al tráfico. La Policía Local no sabía si detener a los coches o a los cofrades y se vivieron momentos de cierta tensión, que retrasaron bastante la comitiva. Finalmente, para evitar problemas, los Salesianos optaron por seguir su camino por la calle Quintana hasta Capitán Segarra y tomar desde allí Alfonso el Sabio. A las 22.00 horas avanzaban todavía por Quintana, cuando deberían haber pedido la venia a las 21.45 horas.

Y eso que en lo que respecta a organización no les gana nadie. Mucho antes de la hora señalada, las 19.45, los cuatro pasos de la hermandad estaban ya preparados en el patio del santuario de María Auxiliadora. Nazarenos, cofrades y costaleros conversaban alrededor de ellos, con sus vestas marfil y sus capas y cíngulos rojos.

Los feligreses comenzaban a llenar las aceras de las calles Ferré Vidiella y General Marvá y en los balcones los vecinos se asomaban por encima de las banderas de España y de Alicante.

No se hicieron de rogar. Poco antes de las 20.00 horas sonó la campana más esperada por todos, la del capataz llamando a los más de doscientos costaleros de la Santa Cena a levantar el trono y avanzar hacia la puerta.

Mientras lo hacían, apoyados en la pared lateral del patio para coordinarse entre ellos, salieron el estandarte de la hermandad, la colla de dolçainers, los limosneros, que consiguieron monedas y repartieron estampas desde el principio, y los doce estandartes con los nombres de los apóstoles.

Los feligreses, expectantes, comenzaron a aplaudir al ver aparecer los varales delanteros del trono y la banda de música entonó el himno nacional. Las grandes dimensiones del trono hicieron que los cofrades se vieran obligados a echar a la gente hacia los lados y aprovechar todo el ancho de la calle, metiéndose casi en el portal de enfrente, para realizar el giro. Conseguida la operación, nuevos aplausos de los allí presentes y rostros emocionados de los costaleros entre los que iban, en el centro y con traje, alumnos del colegio.

Cada giro era un reto para ellos, calle tras calle. Detrás, los otros tres tronos de la hermandad, el Cristo de la Caída, el de la Juventud, que portaban jóvenes alumnos, y la Auxiliadora, que llamaba poderosamente la atención con sus velas encendidas en la noche.

Todo fue bien hasta que la procesión intentó girar desde Quintana hacia la calle Pablo Iglesias, para seguir con el itinerario alternativo que había planeado y que el miércoles hizo público, con la intención de evitar las obras.

No pudo hacerlo, ya que la calle no estaba cortada al tráfico. De nuevo un incidente que desluce la Semana Santa alicantina y otra, la cuarta, falta de entendimiento entre el Ayuntamiento y las hermandades.

Finalmente, tuvo que seguir avanzando por la calle Quintana y los agentes fueron apartando los contenedores y otros obstáculos para dar paso al grandioso trono de la Santa Cena, que giró por Capitán Segarra, aprovechando que esta calle sí estaba cortada para el paso de la procesión de la Hermandad Franciscana de la Santa Redención.

Hasta las 22.10 no alcanzaban la avenida Alfonso X el Sabio, con el consiguiente malestar de los cofrades que veían que el tiempo se les echaba encima.

Pese a todo, la de la Santa Cena fue la procesión grandiosa de cada año, supieron salir de las dificultades y los feligreses así se lo reconocieron.

 
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