Si el Miércoles Santo fue la exaltación de la pasión en el amplio sentido de la palabra, con el protagonismo de Santa Cruz, pero también con el sevillanismo de la Esperanza de la Misericordia, la jornada de ayer fue la del misterio, el tránsito hacia la noche que representa el Viernes Santo.
Y es entonces, cerca de la medianoche cuando, paradójicamente, lucieron el Perdón y el Cristo de la Buena Muerte, tan venerado por los alicantinos. Fueron los momentos del recogimiento más íntimo, tras la grandiosidad de la Santa Cena y la calidez de la Hermandad de la Santa Redención de los Franciscanos y la del Cristo de la Paz y de la Virgen de la Piedad y de la Caridad.
En la primera de ellas el murmullo del rezo del rosario acompañaba a los penitentes en medio de la noche. Tiempo para reflexionar y rogar al Cristo del Perdón, para expiar pecados.
En la segunda, el cariño del pueblo alicantino hacia el Cristo de la Buena Muerte se hacía notar en la gran cantidad de promesas que desfilaban, como cada año, tras el trono. La exaltación dio paso al silencio más absoluto y la noche dio refugio a fieles y devotos a los que no importó esperar al final de la madrugada para ver volver a ambas hermandades y sus cuatro tronos a la Concatedral.
Subvención municipal
Por otro lado, la Concejalía de Fiestas del Ayuntamiento de Alicante hizo público ayer que ha invertido 150.000 euros en la Semana Santa del 2007. La Junta Mayor ha recibido 39.000 euros, un 20% más de los concedidos hace un año. Además, las cofradías y hermandades han logrado una subvención conjunta de otros 34.000 euros, con 1.250 euros para cada entidad, lo que ha supuesto un aumento simular al anterior.
Asimismo, desde el área que dirige Andrés Llorens se destaca la aportación de 14.000 euros para la revista oficial, además de los 9.000 para los programas de mano y otros 3.000 destinados a la confección y edición de los carteles anunciadores. Por otra parte, los cantaores que acompañan los pasos con sus saetas suponen un desembolso de 16.000 euros.