El sol calienta y allá en lo alto de la terraza de la ermita de Santa Cruz, privilegiado mirador del litoral de Alicante, la brisa parece haberse detenido. No hay más sombra bajo la que cobijarse que los tronos en los que los cofrades de la Hermandad se afanan.
Sudor, emoción y corazón que anticipan lo que vivirán en la procesión del Miércoles Santo, un momento irrepetible para ellos y para los miles de alicantinos que se concentran cada año en las enrevesadas calles del barrio para contemplarla.
Es martes. Ya sólo queda un día para que los cuatro pasos desfilen frente a los ojos atónitos de los feligreses. Todo tiene que estar impecable, nada puede dejarse a la improvisación.
Los cofrades llevan trabajando desde el Domingo de Ramos para que no haya ningún fallo. Primero sacaron los tronos a la plaza y organizaron los turnos de trabajo y labores que desempeñaría cada uno, en función de su disponibilidad. «El domingo es un día muy especial para nosotros, porque volvemos a ver a compañeros con los que no hemos coincidido en un año, comemos todos juntos y planeamos lo que tenemos que hacer», afirma Juan Antonio, miembro de la presidencia de la Hermandad de Santa Cruz.
Luego, durante el lunes, el martes y la mañana del miércoles, cada uno ayuda como puede. «Todos colaboramos, de una u otra forma», explican.
Ayer, el trono de El Descendimiento de la Cruz ya estaba preparado, pintado y «listo para que mañana (por hoy) trabaje la florista». Llevará un total de 250.000 claveles, que «tienen que pincharse en el corcho uno a uno».
Entre los cuatro tronos serán más de un millón de claveles, además de otras flores, los que servirán de alfombra perfumada a los pies de las veneradas imágenes.
El Cristo Cautivo, el Cristo de la Fe y Nuestra Señora de los Dolores aún están en proceso: «Cada año lijamos todos los tronos y les damos una mano de pintura, para que queden impecables», apunta David, otro cofrade.
Padres, hijos, nietos y sobrinos trabajan mano a mano en una de las Hermandades más familiares y tradicionales de la Semana Santa alicantina. Da igual ser el presidente, Ramón Riquelme, que ser la última incorporación a la Hermandad, todos hincan el codo por igual para hacer de sus pasos los más bonitos y llamativos.
Como no todo va a ser trabajar, entre brochazo y brochazo, un trago de algo fresco para aliviar el calor y el sofoco. En el almacén contiguo a la ermita todo está preparado para que ninguno pase hambre.
«Hay que dejarlo acabado esta tarde, así que aquí estamos hasta los que tenemos fiebre», comenta, Juan Antonio, que está con gripe y ha pedido al doctor que le de «todo lo necesario para aguantar hasta el miércoles». Dice, con sorna, que el jueves ya le da igual morirse.
Tienen motivos para estar expectantes, porque además este año están de estreno. La Dolorosa llevará por primera vez un manto que han elaborado las monjas Clarisas de Alcaudete (Jaén) y que les ha costado 40.000 euros.
Lo muestran orgullosos a La Verdad, como aperitivo a la procesión de mañana. Es una joya bordada en oro, en la que aparecen las estaciones del vía crucis y el escudo de la Hermandad.