Martes, 3 de abril de 2007
Registro Hemeroteca

en

PROVINCIA

EDICIÓN IMPRESA

PROVINCIA ALICANTE
ALICANTE / Lunes de emoción y solemnidad
El recogimiento marcó las cuatro procesiones que recorrieron ayer las calles de la capital El seguimiento fue multitudinario, a pesar de que 'El Despojado' salió antes de lo previsto
ALICANTE / Lunes de emoción y solemnidad
ESFUERZO. Los costaleros de la Hermandad Agustina bajan a El Despojado por las escaleras de Pedro Sebastiá. / U. ARACIL
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Tras la alegría y el esplendor del Domingo de Ramos, conmemoración de la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén, el Lunes Santo es momento para el recogimiento, la penitencia, la preparación para la angustia de la Pasión, en los últimos días de vida de Cristo, antes de su muerte y resurrección.

Cuatro cofradías sacan sus tronos en procesión en Alicante en este día: La Hermandad del Prendimiento y Nuestra Señora del Consuelo, la Cofradía del Cristo El Morenet, de los Hombres del Mar, la Hermandad Agustina Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia.

Cuatro formas peculiares y distintas, todas ellas cargadas de emoción y simbolismo, de imbuirse en la Semana Santa, semana de Pasión y luto que hace más intenso el gozo de la Resurrección.

Todas ellas cuentan con una vida procesional relativamente corta. Surgieron entre 1996 y 1998, pero ya se han ganado el cariño de los alicantinos y cientos de ellos abarrotaban ayer los puntos de salida y el recorrido de las mismas, afanándose por ver, aunque sea un ratito, todos los tronos.

'El Morenet'

La Cofradía del Cristo El Morenet, los Hombres del Mar, estaban ayer más emocionados, si cabe, que de costumbre, pues el trono, que representa a Cristo en la Cruz, volvía a salir de la ermita de la Virgen del Socorro, su casa, recién restaurada tras dos años de obras, aunque todavía le falten los bancos.

El pasado día 10 de marzo, ya salió de allí para cubrir su vistoso vía crucis, rumbo al mar. Entonces, los costaleros tuvieron algún problema para sacarlo de la ermita, porque la puerta nueva es algo más pequeña, pero ayer aseguraban que no habían tenido ningún problema para sacarlo. De todas formas lo hicieron por la mañana, para no retrasar la procesión.

A las 19.00 horas estaba previsto que comenzase y mucho antes las calles del barrio Raval Roig ya eran un hervidero de cofrades y vecinos que buscaban el mejor sitio para ver la salida.

Los 25 costaleros que cada año portan a El Morenet conversaban entre ellos y con los conocidos. Ataviados con su vesta monacal azul, su casulla blanca, su cíngulo rojo y sus sandalias negras, hombres y mujeres se preparaban para llevar el trono, algo que llevan esperando durante todo el año.

Uno de ellos se fotografiaba con un bebé de menos de un año, quizá su hija, orgulloso de que estuviera presente por primera vez en la procesión.

Junto a ellos, 295 hermanos ataviados con la misma vesta que precederían a El Morenet en la procesión.

A las 19.30 horas, el capataz dio la orden de cargar el paso y los costaleros lo levantaron, con la emoción reflejada en sus caras. Había que darle la vuelta para subir las escaleras que conectan la Plaza del Topete, donde está ubicada la ermita, de la calle Virgen del Socorro, donde aguardaba la banda de tambores y cornetas, los nazarenos, las damas de mantilla, el presidente de la Hermandad, Manuel Giménez Nogueroles y el resto de los cofrades.

La mejor vista

También arriba, para tener una vista privilegiada de la subida, los vecinos de Raval Roig se amontonaban en el muro que da a las escaleras. Como también lo han remodelado y lo han hecho más ancho, los niños y jóvenes tenían que encaramarse a él para poder ver algo. Los adultos se pusieron de puntillas, para no perderse nada.

Y llegó el momento. Tras el giro, los costaleros subieron al Cristo por las escaleras, entre los aplausos de los asistentes. Después, todos en fila, iniciaron el camino. Primero, la banda, después, la cruz de guía y faroles, que este año eran nuevos. Tras ellos, el estandarte y los nazarenos, las 32 damas de mantilla y el trono, al que seguía la presidencia eclesiástica, la bandera, la presidencia de la Cofradía yla banda de música.

Recorrieron el barrio y llegaron a Alfonso X, para iniciar después la carrera oficial y volver a la ermita por la costa y la pasarela, ya de noche.

También de vuelta a casa estaba la Hermandad Agustina de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, que volvió a salir de la ermita de San Roque, como en los primeros años de su fundación.

Multitudinaria fue la acogida, a pesar de que, inexplicablemente la Hermandad salió casi una hora antes de lo previsto, a las 19.15 en vez de a las 20.00 horas, por falta de entendimiento, igual que en el itinerario de La Burreta, con la Junta Mayor. En cualquier caso, los feligreses estaban ahí para ver salir a una también multitudinaria Hermandad, que cuenta con 468 socios, 143 costaleros, 272 nazarenos y 53 damas con mantilla.

Ser tantos y comenzar en un barrio de calles tan estrechas, hizo que la salida fuera espectacular. Los feligreses se acurrucaban en los rincones siseantes de las vías y la procesión se convirtió en una especie de serpiente que comenzaba con los tambores, el estandarte y los nazarenos, muchos de ellos niños de corta edad del colegio de los Agustinos. Tras ellos iba el trono de la escuela de costaleros, cargado también por alumnos, algo mayores, que se inician así en la tradición de la Semana Santa.

Detrás estaba el trono central, Nuestro Padre Jesús Despojado de las Vestiduras, que los costaleros bajaron costosamente por las escaleras de la calle Pedro Sebastiá, con cuidado para no topar con el tendido eléctrico.

El momento más emotivo fue el encuentro del Despojado con Nuestra Madre del Amor y del Buen Consejo, que salió del convento de las Monjas de la Sangre, en la calle San Agustín. Se miraron a la cara y sumaron sus caminos hasta el final.

La música de las bandas y la caída de la noche, con las velas encendidas, envolvía de magia y devoción las calles estrechas hasta llegar a la Rambla, Alfonso X y la carrera oficial, donde los tronos y los cientos de nazarenos pudieron desfilar a sus anchas y los feligreses admirar la belleza y longitud de la procesión.

Está claro que en la Hermandad Agustina tienen savia para muchos años, porque los pequeños nazarenos y costaleros aguantaron estoicamente las largas horas de procesión, solemnes cuando tocaba y sonrientes cuando vislumbraban a algún conocido, con sus madres, eso sí, pendientes de ellos.

 
Vocento

Contactar | Publicidad |Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad |Master de Periodismo |Visitas a La Verdad

Canales RSS