El sol recibió y acompañó ayer a la Hermandad de Jesús Triunfante, más conocida popularmente como La Burreta, durante todo su recorrido en procesión, que es la que abre el camino de la Semana Santa alicantina y una de las que más fieles congrega, año tras año.
Más que por el mal tiempo, la procesión quedó algo deslucida por la la inexplicable falta de entendimiento entre las fuerzas de seguridad que velaban por el normal desarrollo de la misma y los propios cofrades, que tomaron en las postrimerías un camino distinto al que habían anunciado al Ayuntamiento.
La previsión meteorológica no era muy alentadora y más de uno llevaba un paraguas bajo el brazo, a pesar de estrenar ropa de primavera, como manda la tradición en el Domingo de Ramos, pero, por suerte, el sol brilló desde el principio y dio lustre al acto procesional.
Muy popular
En cualquier caso, ni los peores pronósticos de lluvia y granizo echaron atrás a miles de alicantinos de todas las edades y condiciones que, desde las 11.00 horas, comenzaban a abarrotar los alrededores del Palacio de la Diputación, sede de la que sale, año tras año y desde 1942, una de las procesiones más llamativas y queridas por todos.
Las calles adyacentes a la avenida de la Estación se convirtieron en ríos de palmas y ramas de olivo que confluían frente al palacio. Había palmas para todos los gustos, largas y austeras para los más tradicionales y trenzadas, con flores y filigranas para los más pequeños, orgullosos de portar cada uno la suya, aún a riesgo de sacar un ojo al vecino, incidente bastante probable entre la muchedumbre y que intentaban evitar los papás, siempre atentos.
Una breve oración religiosa precedió el comienzo de la procesión. El celebrante leyó el evangelio de San Marcos, en el que se cita la entrada de Jesús en Jerusalén, a lomos de un borrico, momento que conmemora el Domingo de Ramos y que recoge el paso de la Hermandad del Cristo Triunfante.
Después, bendijo las palmas de los allí convocados y acto seguido dio comienzo la procesión, en un ambiente alegre y desenfadado.
En primer lugar iba la banda de cornetas y tambores, seguida del coro y de los miembros de la Hermandad del Cristo Triunfante. Detrás, los representantes de todas las cofradías que componen la Junta de Hermandades de la Semana Santa Alicantina y de la Federación de Moros y Cristianos, que precedían a La Burreta. Se echaba en falta la representación de las Hogueras, que otros años ha estado presente en la procesión.
Justo detrás del paso, las autoridades, entre las que se encontraban el presidente de la Junta de Hermandades, Manuel Ricarte, el presidente de la Diputación, José Joaquín Ripoll, y el de las Cortes Valencianas, Julio de España.
Y tras ellos, cientos de fieles de todas las edades, con sus palmas y olivos en mano o colocadas en los carritos de los más pequeños, que se iban sumando a la procesión a medida que ésta iba avanzando por el recorrido.
Posición privilegiada
La plaza de los Luceros, a los pocos metros del comienzo, fue uno de los puntos más concurridos. Cientos de espectadores presenciaron desde este lugar emblemático de la ciudad el paso firme de La Burreta, a pesar de que las vallas de las obras lo hacían algo más difícil que otros años.
Ellos y los dos caballos recién reubicados en ella después de ser restaurados, algo solos por la falta de sus compañeros, que parecían saludar al paso desde su privilegiada situación en las alturas.
La procesión siguió su camino por la avenida de Alfonso X el Sabio y giró por la de la Constitución, donde familias enteras la aguardaban sentadas en las sillas que el Ayuntamiento ha colocado en esta parte de la carrera oficial, o esperaban a La Burreta tomando un refresco o helado en las terrazas, aprovechando el inesperado buen tiempo. También había nutridos grupos de extranjeros, con bermudas y bañador, que admiraban la belleza del paso, quizá por primera vez, con ojos asombrados. Habían decidido que presenciar la procesión bien merece perder una mañana de playa. Los palcos, sin embargo, estaban algo vacíos, y fueron utilizados como plataforma para los fotógrafos profesionales.
No sólo ellos tomaban instantáneas de la procesión. Muchos fieles portaban, además de las palmas y las ramas de olivo, cámaras de fotos y videocámaras, con las que inmortalizaron algunos momentos clave. Incluso algunos jóvenes aprovechaban la tecnología y sacaban sus teléfonos móviles para no quedarse sin su recuerdo particular.
No faltaron seguidores en las aceras de ninguna calle del recorrido y todos ellos se concentraron en la Rambla, para el tramo final hasta San Nicolás.
Fue aquí donde se produjo el desencuentro entre las fuerzas de seguridad, la banda de música, el público y el resto de la procesión.
Mientras policías, músicos y fieles recorrieron la Rambla para girar por la calle Altamira hasta la plaza de la concatedral, que era la ruta que aparecía en el programa oficial y que se había comunicado al Ayuntamiento, el resto de la procesión, paso incluido, se quedó en el comienzo y giró por Miguel Soler, desconcertando a los asistentes, a la banda y a los agentes, que tuvieron que dar marcha atrás como pudieron, avisados por los cofrades.
Finalmente todos se reunieron de nuevo en la plaza de la Concatedral, La Burreta entró en la misma acompañada por los aplausos de los asistentes y se celebró una misa multitudinaria.
Por la tarde, salieron en procesión otras tres hermandades, la de la Flagelación, con tres pasos, la de las Capuchinas o Santo Cristo del Hallazgo y la Cofradía de San Pedro Apóstol.