Uno de los momentos más emotivos de la manifestación fue, sin duda, la llegada al Campo de los Almendros, en donde se organizó un acto multitudinario en el que se pudo escuchar el testimonio de testigos del final de la guerra y de los descendientes de los exiliados. Como preámbulo, se leyó una carta enviada por el escritor Marcos Ana, uno de los que no pudo escapar en barco, y que identificaba el Campo de los Almendros «como preámbulo del vía crucis que iban a sufrir muchos hombres».
Un testigo de excepción fue Rodolfo Llopis, hijo del político alicantino del mismo nombre que tuvo que exiliarse a Francia tras organizar la salida del barco Stanbrook, uno de los últimos que zarpó del puerto alicantino con republicanos. Al llegar la nave a Orán fue sometida a cuarentena y sufrió una epidemia de tifus.
«Vivo en Francia, donde mi padre pasó 36 años de exilio», explicaba Rodolfo Llopis a La Verdad. «Prometí a mi padre no pisar suelo español mientras él lo tuviera prohibido y no pude conocer España hasta la muerte de Franco».
Llopis señaló que se enteró del acto de ayer «por Internet y pensé que mi presencia era una obligación. Mi padre era diputado por Alicante y regresó aquí para organizar la salida del Stanbrook. Esta marcha es una cuestión de dignidad histórica y humana».