Se acabó salir corriendo a medio pintar cuando, a lo lejos, aparecía un coche de Policía Local. A partir de ahora, los grafiteros podrán dedicarse a este arte urbano sin tener que esconderse, gracias al programa desarrollado por el Ayuntamiento de Alicante y la empresa de limpieza urbana Inusa, que habilitará edificios públicos para dibujar grafitis «artísticos, bonitos y supervisados», según declaró el jueves el alcalde, Luis Díaz Alperi.
El primer lugar acondicionado para la realización de grafitis será el centro escolar número 51 de la playa de San Juan y, según el técnico de Juventud del Consistorio, «el proyecto se introducirá de manera progresiva, junto a la realización de conferencias, talleres y cursos sobre este asunto».
De esta manera, Alicante se suma a una medida que ya lleva años implantada en varias ciudades de España como, por ejemplo, Barcelona, cuyo Ayuntamiento habilitó multitud de zonas con motivo del Fórum Universal de las Culturas en el año 2004 para que los artistas locales dieran rienda suelta a su imaginación.
La campaña ha sido recibida con satisfacción por el colectivo grafitero. Rosa, la presidenta de la Asociación Alicante Hip Hop destaca: «Estamos muy contentos con esta idea. Al principio, había problemas porque pintabas algo y ya iban detrás de ti. Y cuando pedíamos al Ayuntamiento que nos habilitara zonas para pintar, siempre se negaba».
La última ocasión en la que los grafiteros pudieron expresar su estilo en libertad en Alicante fue en agosto del año 2006, con motivo de una jornada de puertas abiertas del Centro 14 de la Concejalía de Juventud. «Nos dieron unos paneles para que pintáramos en Canalejas. La experiencia fue muy buena, pero tuvimos todo el día a la Policía Local detrás controlando que no nos saliéramos de los paneles habilitados», explica Rosa.
Cada grafiti tiene su historia y significado, al igual que su autor o autores, puesto que, en la mayoría de ocasiones, es producto de un trabajo conjunto.
Un grafiti, una historia
Pablo lleva 14 años dando color a los muros y fachadas de Alicante y asegura que «en todo este tiempo nunca me han puesto una multa, pero conozco a gente que sí ha tenido problemas». Empezó a pintar grafitis «porque, ya desde pequeño, los veía por la calle y me gustaban: sus colores, sus dibujos. Empecé a pintar mi alias desarrollando mi propio estilo y, después, ya no pude parar porque pasa a ser una necesidad, casi un vicio, y el fin de semana que no salgo a pintar noto que me falta algo».
Hay varias maneras de hacer un grafiti, desde la mayor planificación, con boceto incluido, hasta la improvisación, aunque, según Pablo, «al final nunca sale lo que tenías pensado porque cada uno aporta lo suyo».
El lugar seleccionado para dibujar depende de diferentes factores, tales como el tamaño del grafiti y la accesibilidad del muro. «Solemos pintar siempre en los mismo sitios, en los que sabemos que no molestamos, como casas abandonadas o puentes de la autovía y así evitamos problemas», afirma este grafitero.
Asimismo, el tiempo necesario para concluir un trabajo obedece a las dimensiones de la creación pero, en general, se tarda entre tres y diez horas para uno pequeño, y varios días si se trata de un grafiti más grande y elaborado.
Para Pablo, la nueva campaña del Ayuntamiento de Alicante «está muy bien, porque impulsará este arte y será más fácil enseñar a las personas que quieran participar».
Miguel es otro grafitero experto quien, en sus orígenes, aunó el dibujo con la música. «Me inicié en el mundo de los grafitis escuchando hip-hop, que es un tipo de música muy ligado a estas pinturas. Además, desde pequeño me gusta el dibujo, así que empecé a experimentar con nuevos soportes y técnicas, como la del espray; aunque lo cierto es que no hay muchos medios ni dinero para comprar el material», asegura Miguel.
Según él, «últimamente improviso sobre mi trabajo, pero suelo tener muy en cuenta el color del muro sobre el que vamos a pintar el grafiti. En otras ocasiones, le damos un color con pintura gráfica, la mayoría de las veces de color gris, que es una tonalidad muy usada en Alicante y que cubre muy bien la pared».
En cuanto al dibujo, Miguel explica que «cada vez sale una cosa nueva porque cambia la gente con la que trabajas o el lugar sobre el que pintas, pero siempre procuro que en conjunto quede bien y que todo el mundo acabe satisfecho».
Desde que comenzó a pintar, Miguel recuerda especialmente dos encontronazos: «Hace cuatro años fuimos a juicio porque nos pillaron pintando la fachada de una fábrica. Al final, tuvimos que sanearlo todo y dejarlo como estaba. Y en otra ocasión, nos encontrábamos pintando una casa abandonada en las afueras de la ciudad y vino la policía alertada por una llamada anónima. Cuando vieron que no estábamos molestando nos dejaron seguir con lo nuestro».
«La gente, cuando nos ve pintando, se queja bastante, pero cuando acabamos el trabajo le gusta cómo ha quedado, porque le damos color y viveza a los muros desgastados de la ciudad y, sobre todo, no molestamos a nadie», concluye Miguel. Y es que nunca ha sido fácil para los jóvenes desarrollar esta expresión artística, tan criticada como aplaudida por la sociedad; pero, con la nueva campaña, la cultura urbana de los grafitis ya tienen un lugar en Alicante.