Viernes, 26 de enero de 2007
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Diez minutos por paciente, ¿y qué más?
El autor defiende la necesidad en la Comunidad de «un modelo de Atención Primaria con suficiente previsión presupuestaria que atienda a criterios de calidad, equidad y autonomía profesional» y advierte a los políticos de que «hace falta, además de efervescentes palabras, una apuesta real y un calendario de actuaciones».
El 10 de noviembre pasado ocurrió la primera huelga de médicos de Atención Primaria (médicos de cabecera y pediatras de centros de salud) del último cuarto de siglo. Una huelga atípica, pues su finalidad no era solicitar mejoras retributivas para los profesionales, sino reclamar mejoras para aumentar la capacidad de resolución de los problemas de salud de los ciudadanos, un objetivo que contó con la unánime comprensión de los pacientes.

Se trató de una huelga en defensa del modelo de Atención Primaria nacido en 1984, basado en centros de salud, que cada vez despierta menor interés político y, por ello, recibe menor parte del presupuesto sanitario. Una huelga de profesionales comprometidos con la Sanidad Pública que intentaban poner en evidencia el indolente silencio de la Administración sanitaria (estatal y autonómicas) ante las reiteradas peticiones que los médicos llevamos haciendo desde hace años para mejorar la calidad del servicio profesional que prestamos en los centros de salud.

Pedimos cosas tan comprensibles como inexistentes. Queremos que un paciente no esté obligado a venir repetidas veces a la consulta para obtener las recetas de su tratamiento crónico. Para ello, se debe cambiar el actual modelo de receta tan preconstitucional como obsoleto, pues obliga a pacientes crónicos con varias enfermedades a visitar reiteradamente a su médico para obtener sus recetas. Solicitamos que se simplifiquen los trámites administrativos de las bajas laborales, pues el actual modelo obliga también a visitas innecesarias ante procesos presumiblemente prolongados en el tiempo. Creemos que utilizar una consulta médica para un menester burocrático es el paradigma de la ineficiencia.

Exigimos que, cuando un ciudadano consulte a su médico, pueda éste dedicarle el tiempo que su motivo de consulta merece. Que cuando un médico necesite una prueba diagnóstica, pueda solicitarla directamente sin necesidad de remitir al paciente a otro especialista, con lo que, de forma innecesaria, se alarga la resolución del proceso y se generan listas de espera desesperantes. Estamos hablando de pruebas diagnósticas tan elementales como una ecografía o una endoscopia. Queremos que la docencia y la investigación tengan su lugar de forma adecuada en los centros de salud acreditados para tal fin, pues, actualmente, con la masificación que muchos de ellos soportan, no hay tiempo material para cumplir con estas obligaciones que también los profesionales tienen. Obligaciones que, como ocurre con la prevención y el trabajo comunitario, parecen importar poco a los responsables políticos y gestores, a los que sí preocupa sobremanera el gasto en medicamentos y la demora en la asistencia (algo que no parece preocuparles tanto cuando se produce en las consultas hospitalarias o en las de pruebas diagnósticas).



Los centros de salud nacidos de la reforma sanitaria de 1984 fueron, sin duda, un logro importante de nuestra Sanidad Pública. Pero el abandono presupuestario, la ausencia de ideas y propuestas y el pobre liderazgo de políticos y gestores durante los últimos diez años están sumiendo a los centros de salud en una situación delicada. Bien valorados por los que los utilizan, los centros de salud son progresivamente abandonados por las clases medias. Abandono reflejado por el hecho de que España ostenta uno de los gastos sanitarios privados ambulatorios per cápita más altos de la Europa de la Ocde, al tiempo que su gasto privado hospitalario per cápita es de los más bajos. El abandono presupuestario de la Atención Primaria se evidencia cuando vemos que, por cada euro que se gasta en Sanidad Pública, sólo 14 céntimos van destinados a los centros de salud. Al inicio de la reforma se les destinaba casi una cuarta parte del presupuesto sanitario público.

Además de las peticiones referidas, necesitamos una historia clínica informatizada que permita la gestión clínica, de la información y del conocimiento. Una informatización clínica que garantice el derecho a la confidencialidad que asiste al paciente cuando confía información a su médico (¿ojo!, no la confía al servicio de salud, sino a su médico) y la obligación de éste (¿ojo!, no del servicio de salud, sino del médico) de guardar el secreto profesional. Nada de ello se cumple con las actuales megabases centralizadas de historias clínicas tipo Abucasis.

Hay que evitar la sangría que supone la marcha al extranjero de los médicos de familia españoles debida a la precariedad laboral que se les ofrece en España, especialmente en nuestra Comunidad autónoma. Casi el 15% de los médicos de Atención Primaria en Portugal (¿sin ir más lejos!) son españoles emigrados durante los últimos años. España exporta cualificados médicos de familia, pero importa camareros y obreros de la construcción. Una paradoja difícil de entender ante la masificación de los centros de salud. Nuestros médicos los necesitamos aquí, pero emigran a Portugal, Reino Unido, Francia, Suecia, etcétera, porque en esos países se les contrata de forma estable y digna, y aquí no.

Estas propuestas deberían ir enmarcadas en un modelo de Atención Primaria con suficiente previsión presupuestaria que atienda a criterios de calidad, equidad y autonomía profesional. Un modelo en el que el proceso de atención, de gestión y los resultados en salud se midan con el máximo rigor científico, permitiendo la participación ciudadana, la evaluación de profesionales y gestores y la del propio servicio de salud con criterios técnicos ajenos a los legítimos debates, muchas veces de lamentable bajo nivel, a los que nos tienen acostumbrados nuestros políticos.

Contamos con el fervor oratorio de los políticos. Pero hace falta, además de efervescentes palabras, una apuesta real y un calendario de actuaciones antes de que la tormenta haga caer todas las hojas del árbol. Quedamos a la espera.

Juan Simó Miñana es médico de familia y coordinador en la Comunidad Valenciana de la Plataforma Diez Minutos.

 
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