Reflexionar, cambiar las prioridades y tratar de ser felices. Es lo que recomienda el cardiólogo Valentín Fuster para prevenir el infarto. Dice el director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) que «todo se ha desmadrado un poco». Vivimos en una sociedad de consumo donde confundimos «lo que significa la calidad de vida». Vivir mejor no es «tener más dinero, disfrutar de más horas de ocio o comer en más restaurantes». Es, sencillamente, «ser positivos, ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío» y, sobre todo, ser generosos. «Hay que ser menos ambiciosos», recomendó el doctor Fuster a un auditorio repleto de altos directivos. «Así se llega a la felicidad». Y, de paso, mejoramos nuestro estado de salud.
El científico les metió el miedo en el cuerpo a los empresarios que acudieron a escucharle en el IV Congreso de Directivos. Les explicó con todo lujo de detalles cómo se produce un infarto, y recordó las escalofriantes cifras de obesidad infantil, colesterol y diabetes en una sociedad que habla cada vez más de calorías pero, paradójicamente, se cuida cada vez menos. «Yo trabajo 14 horas diarias -explicó- pero la primera la dedico a reflexionar». No hay tiempo para pensar, ni en los despachos de las empresas ni en los trabajos de la clase media, y eso pasa factura. «La prioridad debe ser la salud, el ejercicio físico y la calidad de vida mental, pero no hay prioridades si no hay tiempo para reflexionar, y eso es algo de lo que carece el mundo moderno». Cree Valentín Fuster que hay que «aplicar el sentido común» y «penalizar» las malas prácticas de la industria alimentaria. El director del CNIC reniega del uso y abuso uno de los inventos del nuevo siglo: el correo electrónico. «No tenemos respeto por la gente; ya no es que seamos egoístas, es que hacemos perder el tiempo a los demás; todos los correos son urgentes. Es la enfermedad del e-mail». Ante tanta ansiedad acumulada en este mundo loco, Fuster pide un poco de equilibrio.