Martes, 10 de octubre de 2006
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OPINIÓN

EDITORIAL
Ensayo nuclear norcoreano
La decisión del régimen norcoreano de realizar una explosión de origen nuclear, la primera del siglo XXI, convierte a Corea del Norte en una potencia atómica militar, amén de abrir un grave frente de inestabilidad política y peligrosa pugna estratégica en la distante pero siempre sensible región del Pacífico. Esta lejanía física no resta, sin embargo, un ápice de preocupación ante la alocada huida hacia delante que Pyongyang ha emprendido con su órdago nuclear y que debe ser tratada como un serio problema internacional. No en vano, el Consejo de Seguridad de la ONU ha tomado inmediatamente cartas en el asunto, mientras que países tan poco hostiles a Corea del Norte como Rusia y, sobre todo, China, han condenado ya el ensayo como «provocador» e «inaceptable».

La dictadura heredada de Kim Yong Il ha puesto sus cartas sobre la mesa: tiene la ojiva nuclear y el vector -los misiles??- para transportarla. Y aunque para muchos expertos la demostración norcoreana obedece a un ponderado y muy visible cálculo político: el de iniciar conversaciones bilaterales con los Estados Unidos, el problema de fondo no varía en nada. Si Pyongyang es capaz de desafiar al mundo entero para sentarse a negociar con Washington sin más interlocutores, ¿cuál será su siguiente demostración? Lo mire por donde lo mire la comunidad internacional, la pesadilla ya es una realidad. El país más aislado del mundo y con la dictadura postcomunista más férrea del planeta tiene capacidad demostrada para detonar una bomba nuclear y voluntad para utilizar ese recurso en su beneficio.

El fracaso de la diplomacia blanda que Corea del Sur y China han defendido siempre, es a estas alturas insoslayable. Kim Yong Il no ha tenido reparos en dejar en evidencia a su aliado chino y ha dinamitado de facto el llamado Foro de Pekín, sede de las conversaciones multilaterales donde Estados Unidos, Corea del Sur, China, Japón y Rusia trataban de convencerle para abandonar su programa nuclear militar; ahora, es el Consejo de Seguridad el que ha tomado las riendas de la presión sobre Corea del Norte. Pero es hacia Pekín adonde se dirigen todas las miradas porque sin su connivencia política no hay sanción o amenaza que pueda surtir efecto. El problema es que ya no se sabe hasta qué punto los mandatarios del gigante asiático mantienen su capacidad de influencia sobre Corea del Norte o, desgraciadamente, estos han caído en la trampa de un Kim Yong Il que ha ido ganando tiempo hasta desarrollar su ingenio nuclear y que ahora es perfectamente consciente de que China está presa del efecto desestabilizador que tendría sobre sus propias fronteras una oleada de millones de hambrientos refugiados. Y por si el problema no fuera complejo, en un horizonte a medio plazo, Irán toma ya buena nota de lo que va a suceder.

 
Vocento