Están contentos y deseosos de que salga su avión, rumbo a Argel y de allí a los campamentos saharauis de Tindouf, a casa. Que los niños no pierdan el arraigo es algo de lo que los miembros de la asociación Dar el Karama se preocupan mucho. De hecho, es uno de sus objetivos fundamentales. Los niños saharauis viven con ellos durante un periodo normalmente prolongado de tiempo, hasta que se curan las enfermedades que los trajeron a Alicante, pero tienen siempre presente que su hogar está en el Sáhara, con su familia y su gente.
Llegan al aeropuerto dos horas antes de la salida del vuelo, sobre las 18.00 horas. Todo el grupo de niños y monitores acompaña a Halima, Aiza y Saleh, los pequeños que, ya recuperados, viajan de vuelta al Sáhara. El grupo destaca en El Altet, los niños, revoltosos, juegan, se persiguen, preguntan la hora... están nerviosos, tanto los que se van, como los que se quedan. Ahmed, un pequeño con parálisis cerebral, está triste. Los monitores dicen que ha estado todo el día llorando porque quiere ser él el que se marcha. Lleva cuatro años en España y ha visto irse a muchos de sus compañeros. Siempre es él el que despide y eso no le gusta.
Para Aiza, de 13 años, también ha sido larga la estancia. Tenía cáncer de huesos en la pierna. Han tenido que pasar dos años y medio para que los médicos la dejaran volver a los campamentos, y aún así tendrá que volver cada cierto tiempo, para hacer revisiones. Es la más alegre y dicharachera. Por su expresión feliz nadie diría que ha pasado un calvario de quimioterapia y operaciones. Abraza a sus compañeros, a los monitores, que le desean suerte y le dicen que cuente con ellos siempre que lo necesite. «Estoy muy, muy feliz de volver con mi familia, aunque también me da algo de pena dejar aquí a mis amigos», explica. «Me llevo de España la salud, que es lo más importante y el haber convivido con gente tan buena y cariñosa», añade.
Saleh ha estado un año y medio en la casa de acogida. Llegó con una litiosis, un problema de riñón que le tuvieron que operar. Ahora está sano y desborda energía. «Llevo en la maleta un montón de juguetes y caramelos para mis amigos del Sáhara. España me gusta mucho y la gente es muy buena, me gustaría volver para cargar más chicles y llevarlos allí, porque ellos no tienen nada de eso», relata.
La tercera viajera, Halima, ha tenido más suerte. Sólo han sido necesarios cinco meses para que se recupere. Ella llegó con el último grupo de niños enfermos, con un problema en sus pies. Es la única que dice que no quiere volver a España: «Me gusta más el Sáhara y estoy deseando llegar allí para ver a mi familia, aunque echaré de menos a los amigos que dejo aquí, claro», comenta esta joven de 17 años.
Todos están radiantes de felicidad por el regreso, pero, como es natural, a la hora de la despedida, del último beso y abrazo, llegan las lágrimas. «Buen viaje y sed buenos, que tengáis mucha suerte y cuidéis mucho de vuestras familias», les desea Ilde, la directora de la asociación, que ya está planeando su próximo viaje a los campamentos, en diciembre.
Ahmed llora desconsolado, al igual que Hamitu, uno de los más pequeños, que llegó hace 5 meses y que es un auténtico terremoto.
Halima y Aiza tampoco pueden reprimir las lágrimas, pero ésta última se dedica a consolar cariñosamente a Ahmed.
«No llores, tú serás el próximo en irte, ya lo verás», le dicen todos, pero para el pequeño y para todos es un momento muy difícil.
Dar el Karama perdió ayer a tres de sus ocupantes y para los que conviven con ellos día a día, es como si se les fueran tres hijos. «Los vamos a echar muchísimo de menos, pero siempre hay movimiento y eso te hace las cosas más fáciles», explica Miguel, el educador.
Lo más importante para ellos es, además, que están curados: «Recuerdo a Aiza cuando estaba malita, tan delgada, no había forma de que comiese... y ahora verla así es un placer enorme», comenta Miguel.
Dentro de poco recibirán a una nueva inquilina, una niña que vino en el programa Vacaciones en Paz y que se va a quedar un tiempo para solucionar un problema con su paladar. Así, serán ocho los niños atendidos en la casa.