La Comunidad de las Monjas de la Sangre celebró ayer el 400º aniversario de la fundación del Monasterio, situado en el casco antiguo, justo a la espalda del Ayuntamiento de Alicante. Para conmemorar este hecho, se llevó a cabo un triduo de acción de gracias que culminó a las 20 horas, con la celebración de la Eucaristía presidida por el obispo de la Diócesis, Rafael Palmero Ramos.
El Monasterio fue fundado por sor Constanza Carros y sor Francisca Mateu el 16 de julio de 1606, y el 18 de julio de ese mismo año fueron en procesión hasta el Convento de la Sangre de Cristo, colegial de San Nicolás, donde fueron recibidas por otras monjas que allí aguardaban.
Según el deán de la concatedral, Ramón Egío, «no se trata sólo de una conmemoración, sino de celebrar que se inaugura un nuevo centenario, porque comienzan los 400 años de uno de los monasterios menos conocidos, pero que ha sido testigo de la historia de Alicante».
El motivo del establecimiento del convento en Alicante en el siglo XVII viene registrado en el libro de la fundación que guardan las devotas. En él consta que el deán Miguel Zaragoza, primero de San Nicolás, escribió al obispo, entonces Andrés Balaguer, pidiendo permiso para formar una nueva comunidad en la provincia, y eligieron al de la Cofradía de la Sangre de Cristo. En este caso, se trata de monjas contemplativas, de clausura, que ocuparon el monasterio tras la marcha de los jesuitas del mismo.
Desde hace 400 años, muchas mujeres han consagrado su vida a Dios en este rincón escondido de nuestra ciudad, y reciben el apelativo cariñoso de monjitas de la sangre. Su labor es de penitencia, de oración, de recogimiento, de trabajo manual y físico. Se las considera el «corazón de la Iglesia».