Los cohetes de Hezbolá volvieron a alcanzar ayer la ciudad israelí de Haifa, causando la muerte a ocho empleados de los talleres de la compañía ferroviaria que trabajaban en un hangar cerca de una planta petroquímica y el puerto. El ataque fue una de las «sorpresas» que el día anterior había anunciado el líder de la guerrilla libanesa, Hasan Nasrallah, quien ayer por la tarde, en un mensaje televisivo de media hora de duración, anunció «nuevas sorpresas» y ataques «más allá de Haifa». «Es sólo el principio», dijo antes de amenazar con una «guerra directa» si los judíos invadían su país.
Nasrallah acusó a los dirigentes hebreos de mentir a su pueblo, y puso como ejemplo el caso de la fragata que las milicias bombardearon el viernes frente a Beirut, un ataque que los judíos negaron durante horas para después reconocer que la fragata había quedado inutilizada y que cuatro marineros habían desaparecido.
El dirigente fundamentalista justificó los lanzamientos de Katiushas contra Haifa como una respuesta necesaria a los bombardeos contra civiles en todo Líbano. Nasrallah advirtió de que el conflicto «sólo ha empezado» y se hizo eco de lo que ha publicado la prensa de Beirut en el sentido de que Israel utiliza armas prohibidas por las convenciones internacionales, incluidas las bombas de fósforo.
Según el Gobierno de Tel Aviv, el cohete que cayó en el hangar era de fabricación siria, una acusación similar a la del sábado cuando los hebreos señalaron que el misil que impactó en la fragata era iraní. Hezbolá negó ese extremo y también que cuente con el apoyo de un centenar de guardias persas para sus acciones.
Siria respondió también con firmeza a las amenazas de Israel que han recogido algunos medios de comunicación occidentales citando al primer ministro judío, Ehud Olmert, diciendo que «se están ultimando los preparativos para tomar las medidas apropiadas» contra el régimen de Damasco.
El Gobierno de Bachar al-Asad advirtió de que, si es atacada, Siria no se quedará con los brazos cruzados. El ministro de Información, Mohsen Bilal, dijo que la «réplica será firme y directa» y no tendrá «limitaciones ni en el tiempo ni en los medios» utilizados. Por su parte, un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Hamed Reza Asefi, señaló a Israel que si ataca a Siria tendrá que hacer frente a «daños inimaginables».
Batería Patriot
El Ejército hebreo ha desplegado en Haifa y en Safed baterías de antimisiles Patriot, aunque no se pueden usar puesto que no son eficaces contra los pequeños cohetes que dispara Hezbolá. El Ejército dijo que su puesta en funcionamiento se debe a que los radares de las baterías sí que son útiles para alertar de que se acercan los cohetes.
A lo largo del día cayeron una veintena de proyectiles en Haifa y las autoridades portuarias obligaron a todos los buques anclados en la dársena a salir mar adentro y comenzaron a retirar material peligroso o inflamable de algunas empresas. Otras localidades también fueron atacadas por decenas de cohetes y una buena parte de la población del norte, cerca de dos millones de personas, pasó la jornada en refugios antiaéreos. El Ejército advirtió a toda la población que hay desde Tel Aviv hacia el norte que esté en alerta constante.
En este clima de tensión, el corresponsal de la televisión árabe Al-Yasira fue detenido durante varias horas bajo la acusación de que estaba transmitiendo «demasiados detalles» sobre los lugares donde caían los Katiusha. La cadena qatarí dijo que sus imágenes eran similares a las que transmitía en directo el Canal 10 hebreo. El ministro de Defensa, Shaul Mofaz, hizo un llamamiento a la prensa judía y extranjera para que «no sean muy precisos» en las información para impedir que sus reportajes «sean usados por el enemigo».