Aunque quieren darle todo lo que tienen, saben que también deben educarla: «Hemos aprendido de la experiencia que hay que saber ponerle normas, igual que lo hicimos con nuestros hijos». Les ha costado, por ejemplo, que aprenda a no dejar todas las luces encendidas o los grifos abiertos porque «cuesta dinero». También a que no se puede comprar todo. «El año pasado la cargamos de juguetes y ropa para ella y su familia, este año quiere una bicicleta. Nos veía pagar con tarjeta y pensaba que no había fondo». Majhuba es generosa. Ha venido cargada de collares para todos, y a la familia les sorprende que les pida cosas, no para ella, sino para los demás: «Nos pedía pinzas de la ropa, un colador, o agujas para coser haimas».
Le dieron eso y mucho más, aunque este año han decidido no acceder a todos sus caprichos.