Majhuba tiene 8 años, la piel morena y unos ojos negros, grandes y profundos, que sólo se encuentran en el Sahara. José Luis y Remedios son un matrimonio de mediana edad, con tres hijos mayores y cuatro nietos, que vive en Alicante.
La asociación Amigos del Pueblo Saharaui de San Vicente unió sus destinos el verano pasado, al decidir que fuera ella la pequeña que acogiesen los González, dentro del programa solidario Vacaciones en Paz.
«Llevábamos tiempo en contacto con la asociación, pero no podíamos hacernos cargo de un niño, porque teníamos que cuidar de mi madre enferma de Parkinson», explica José Luis. «Cuando falleció, decidimos que era el momento de hacernos socios y acoger a un pequeño», añade.
El comienzo
Los comienzos fueron duros. «Nos agobiamos un poco, porque todo era nuevo para ella, y no paraba de llorar», recuerda Remedios. «No sabía lo que era un ascensor, un grifo, o un interruptor de la luz, y estaba asustada. Además, teníamos problemas para comunicarnos con ella».
Todos los niños saharauis estudian español en las madrazas, como segunda lengua, pero «en realidad, la primera vez que vienen les cuesta, porque allí no lo practican», comenta José Luis.
«Se pasaba el día encendiendo y apagando la luz y abriendo y cerrando el grifo, había que ir detrás de ella», comentan divertidos José Luis y Remedios.
Sin embargo, a los pocos días la niña estaba perfectamente integrada en la familia y «lo que no sabíamos decirnos, lo comunicábamos por señas», explican.
Este verano, Majhuba ha vuelto a Alicante: «No lo teníamos claro, porque mi hija ha tenido gemelas y andamos liados. Dijimos en la asociación que si era un niño distinto no íbamos a traerlo este año, pero nos daba pena que Majhuba tuviera que empezar de cero y además estábamos deseando volver a verla», apunta Remedios.
El reencuentro, el pasado sábado, fue muy emotivo. «Cuando llegamos a San Vicente, ella estaba esperándonos ya en la puerta, fue muy bonito, aunque después, en casa, volvió a llorar y a extrañarlo todo, porque estaba muy cansada», explica el matrimonio.
Después de unos días, Majhuba vuelve a ser una más de la familia: «Me llama yaya, como mis otros nietos», comenta Remedios.
Los González intentan «darle todo el cariño que tenemos, la queremos mucho y pensamos ir a los campamentos a conocer a su familia. Nos gustaría que se quedase y estudiase aquí, pero es difícil, porque a las niñas no les suelen dar permiso», comentan.
Sin embargo, para este matrimonio, es mucho más lo que la pequeña les aporta a ellos: «Siempre dicen que les hacemos un favor, pero son ellos los que lo hacen. Para nosotros es un aliciente, nos obliga a salir, a hacer cosas, nos da vida».
Carácter
Y ello a pesar de que reconocen que «no es muy cariñosa, ha caído en una familia muy besucona, pero ella va más a su aire, suponemos que es la forma en la que la han educado y no queremos forzarla, cuando sale de ella, bienvenido sea».
La pequeña Majhuba no tiene mucho tiempo para arrumacos en los campamentos. Tiene seis hermanos, dos de ellos menores, a los que tiene que cuidar. «Con las gemelas se desvive, y cada vez que me ve limpiando viene a ayudarme. Está acostumbrada a trabajar duro desde pequeña».
Este verano no tendrá que preocuparse por sobrevivir. Lo pasará en la piscina, que le encanta, tomando helados de fresa, melocotones y paella, sus comidas favoritas, jugando con sus nuevos amigos, y también con los conocidos, porque la coordinadora ha preparado encuentros en los que compartirán sus nuevas experiencias.