A pesar de que la actividad que llevan a cabo a diario es sancionable, los denominados gorrillas siguen campando a sus anchas en varias zonas de la ciudad. Lugares como las calles adyacentes al Hospital General, los estacionamientos de las playas del Cocó y de San Juan, o la céntrica calle Ramón y Cajal, a las que se suman los principales accesos a la ciudad regidos por semáforos de larga duración, son sólo algunos de los lugares por excelencia dónde suelen situarse y desarrollar una actividad que no deja de ser una forma de mendicidad encubierta.