Cuando llegan las noches de fiesta de los Moros y Cristianos de Orihuela los bandos de la Cruz y la Media Luna cambian hachas y cimitarras por vasos, y las hogueras se encienden sólo para asar carne. Kábilas y cuarteles se llenan con sus huestes propias y con miles de visitantes dispuestos a plantar batalla en filas al ritmo de marchas, pasodobles y de los últimos éxitos del verano. El final de los desfiles marca el inicio de la fiesta que se mantiene durante cinco noches hasta altas horas de la madrugada.