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En medio del natural dolor por la tragedia del metro valenciano, saldado con 42 muertos y numerosos heridos, se han dado gestos muy positivos, que son dignos de resaltar.
Es evidente que entre los varios sentimientos humanos, el que más aglutina por encima de otros más clamorosos es el dolor ante la desgracia colectiva sufrida por inocentes.
En Valencia, sin más, se ha hecho visible la unidad de España, que algunos juzgan mera entelequia. El luto, el llanto, el silencio, la oración y la solidaridad se han hecho presentes tanto en Valencia como en el resto de España.
En pocas y contadas ocasiones los españoles, a través de los diversos medios de comunicación y sobre todo de la televisión, hemos visto unidos en el mismo lugar, con profundo respeto y un talante acogedor y distendido, al pueblo llano y a la Familia Real, al Gobierno y a la oposición, a los políticos y a los eclesiásticos, a la derecha y a la izquierda, a Valencia y a España.
Estoy seguro de que el mismo pálpito y solidaridad, a pesar de las aparentes diferencias lingüísticas y culturales, se habrían dado si la tragedia hubiese sucedido en Cataluña o en el País Vasco.
Esto es así porque sigue siendo cierto que a todos los que vivimos en esta piel de toro denominada España es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.