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Está tratando de imponerse una dudosa corriente de opinión que pretende denigrar la II República, sin duda la más admirable intentona democrática de nuestro país antes de la definitiva construcción del actual régimen a partir de 1975. Se pretende, en fin, justificar la dictadura franquista, que no habría sido tan abyecta como ahora se dice, con el argumento del fracaso de una República incompetente y arruinada por sus propios constructores. En cierto sentido, el régimen republicano se habría suicidado, y no fenecido a manos de sus enemigos autoritarios.
Semejantes tesis, históricamente falaces e intelectualmente insostenibles, se desmontan con gran facilidad mediante un simplicísimo recuento: el de los exiliados españoles a partir de 1939. Las fuerzas de la inteligencia, en su totalidad, mimadas y potenciadas por la República, tuvieron que marchar al exilio (muy numeroso en el exterior, abundante en el interior), hasta dejar el solar patrio convertido en un yermo. ¿Cómo negar, entonces, que la República fue un régimen de gran fecundidad, que la dictadura agostó hasta la pura y simple desertización?