Dos mujeres fueron las primeras en dar la voz de alarma. Salieron sin resuello y a la carrera de las profundidades de la estación de Jesús. Se dirigieron a una policía local y le dijeron que había un «grave accidente». La agente comunicó por la emisora lo ocurrido. «Dicen que hay un accidente en el metro. Debería venir alguien con linternas para bajar y comprobar qué ha pasado y si hay heridos», fue su comunicado a todas las patrullas.
Escasos minutos después de las 13.01 horas del lunes, los primeros héroes fueron llegando al epicentro de la tragedia. Policías locales del distrito de Patraix fueron los más madrugadores. Nunca podían imaginar lo que iban a encontrarse en la negrura del túnel de Jesús.
Silencio. Ni llantos, ni gritos de socorro, ni lamentos de dolor. Sólo silencio. Según señalaron a La Verdad algunos de los primeros policías que llegaron al escenario del accidente, se sintieron «sobrecogidos e impresionados» ante la ausencia de sonido reinante en el túnel. Era sólo un presagio del horror del que iban a ser testigos.
La oscuridad les invadió en cuanto pusieron un pie en el andén. Avanzaban siguiendo el haz de luz de las linternas, el mismo que les permitía ver «caras deambulando». Uno de los agentes de la Policía Nacional jamás podrá olvidar otra escena: «Me giré con la linterna y vi a mi compañero con una niña ensangrentada en brazos».
Desolación, rabia...
Se encontraron además con otra dificultad: la gruesa capa de asfalto y la profundidad del punto del accidente imposibilitaba la comunicación por radio. Los agentes tenían que salir una y otra vez a la superficie para pedir refuerzos y apoyo.
Desolación, impotencia, rabia y tristeza son algunos de los sentimientos que, según aseguraron, vivieron muchos de los participantes en el rescate al bajar a la estación de metro.
«Hay más muertos que vivos», supo uno de los policías en cuanto observó el arrasado aspecto del túnel.
Los bomberos, pese a estar acostumbrados a vivir en medio de situaciones de máxima tensión y dramatismo, tampoco fueron una excepción en el peor drama de la Comunidad Valenciana. «Nunca imaginé que pudiera haber algo tan terrible», indicó uno de los integrantes de este cuerpo que participaron en la evacuación de las víctimas.
«Estaba todo tan oscuro que inicialmente era difícil saber la magnitud de la tragedia», explicó uno de los bomberos.
Pero incluso la fuerza de profesionales habituados a la crudeza de las escenas en fatales accidentes quedó derrumbada con lo vivido en el fatídico mediodía del lunes: «Fui a intentar levantar a una persona que estaba en el suelo y me quedé con su brazo en la mano», relata.