La gran diva de la música negra da sus últimos coletazos. Los años no perdonan pero la pureza de su voz sigue intacta. Miriam Makeba, surafricana, se va sin hacer ruido pero su legado es impresionante, abrumador. Dice adiós porque le da la gana. Porque está cansada de patearse el mundo a golpe de escenario y quiere dedicarse por entero a su segunda pasión: ayudar a los más necesitados. Es embajadora de las Naciones Unidas -un discurso anti-apartheid ante este organismo en 1963 acabó con su expulsión de Suráfrica- y tiene en su país una escuela para niñas abandonadas. La Mar de Músicas es la última oportunidad de ver a esta gran defensora de los derechos humanos y del continente africano -«los colonos se llevaron todo, no nos dejaron nada», dice- en acción.