Es el título del torerísimo pasodoble que sonó cuando Esplá se disponía a banderillear a su primero. Azuquita se llamaba y, con sus 614 kilos, algo tuvo que tener que al torero no le gustó. En agosto también hubiera cumplido años, cinco, y se ve que tenía algo en su mirada. Cumplir años es malo, no cumplirlos, peor.
Por cuestiones del enlotado, el cuarto fue el de menor peso. Ensabanado de capa, y de buenas condiciones. Esplá, a petición del público, llegó a clavar hasta cuatro pares. Empezaba la fiesta. Faena variada y vistosa, pero de pocas profundidades, no corrigiendose el defectillo del cabezazo final del toro. Un estoconazo efectivo y se marcha garboso. Una oreja. El público, generoso, le quiso regalar por su trigésimo aniversario las dos orejas. Pero resulta que, reglamentariamente, la segunda la otorga la presidencia y no accedió. Parte del populi abroncó e insultó al palco, con la consabida cancioncilla futbolera, dejando a las claras los conocimientos taurinos existentes y el nivel educativo actual. Esplá, ingenioso como siempre, se inventó una nueva suerte de la tauromaquia: el fut-oreja. Cumpleaños feliz.
Pero hablando de toros, diremos que César Jiménez hizo dos buenas faenas, con dos orejas, que le permitieron salir por la puerta grande. Ya no hay aspavientos, alharacas, ni rodillazos sin sentido. Según va cumpliendo años, va toreando mejor de la mano del maestro Joselito. En el segundo, faena seria, espaciosa, limando defectos del toro, llevándoselo poco a poco a la canasta, con una gran serie con la zurda, codilleando y mandando al toro muy atrás en redondo.
Matías Tejela practica un toreo enfibrado y suele torear también excelentemente con la izquierda. Pero ayer, solamente lo vimos con pequeñas pinceladas en el sexto, lo que le valió una oreja.