Su fútbol nunca enamorará a los puristas del toque, el gambeteo y el adorno, pero que Alemania siempre será una superpotencia que se merece entrar en todas las quinielas de favoritos no lo puede dudar nadie, ni siquiera los más críticos con su filosofía del fútbol y de la vida. Esté como esté, es fiel a un estilo, reconocible, virtudes incuestionables en tiempos de indefinición. El tricampeón del mundo disipó cualquier incertidumbre sobre su candidatura con una exhibición de convicción, fortaleza, potencia y pegada ante una asustadiza Suecia que firmó en Múnich la rendición de Baviera.