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| SU HISTORIA |
Los padres: Pepe, español, y Sulleng, cubana. Viven en Elche.
Los hijos: Sayuri, nacida en China, la adoptaron cuando tenía siete meses. Desde hace dos semanas tienen un segundo hijo, de tres meses, nacido en España.
El esfuerzo: hay que trabajar el vínculo afectivo entre padres e hijos, pero la recompensa, cuando llega, es muy gratificante. |
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«Nuestra experiencia no se puede explicar con palabras». Así comienza Sulleng el relato de su historia, un proceso largo pero con final feliz: crear una familia. Ella y Pepe siempre se habían sentido atraídos por la idea de la adopción, incluso mucho antes de saber que las posibilidades de ser padres biológicos eran escasas. En su Cuba natal, de pequeña, Sulleng ya imaginaba «que podría encontrarme un bebé en la puerta, siempre me gustó la adopción».
Antes de recurrir a las sofisticadas técnicas de fertilización y pese a que los expertos les dijeron que existían muchas posibilidades de conseguir el embarazo, «pensamos que por qué hacernos un tratamiento habiendo tantos niños sin papás». Así que, en el 2001, comenzaron el proceso para poder adoptar. «Nadie se extrañó» entre sus familiares y amigos.
Los trámites
Conocedores de que la adopción de un niño español puede tardar muchos años, «emitimos los expedientes para la adopción nacional e internacional al mismo tiempo», explica Pepe. Consiguieron el certificado de idoneidad, imprescindible para poder adoptar, y en octubre del 2003 viajaron a China: «Ya teníamos a nuestra niña». La pequeña Sayuri tenía siete meses.
La pareja se olvidó un poco de la otra adopción, que seguía su curso, e incluso pensaron «en volver a la adopción internacional» para tener un segundo hijo. Las autoridades les habían explicado que la nacional podía tardar hasta ocho años, pero en noviembre del 2005 les llegó una carta de Conselleria. Como el certificado de idoneidad caduca, lo volvieron a conseguir y entraron en la lista. A partir de marzo de este año les dijeron que en cualquier momento les podían llamar para anunciarles que su hijo los esperaba. «Vimos que íbamos a ir rapidísimos», explica Pepe, porque llamaron a varias parejas que estaban a pocos números en la lista por delante de ellos.
Desde hace dos semanas que su segundo hijo, de tres meses y nacido en España, aunque de madre extranjera, ya está en casa. Su situación es de «acogimiento preadoptivo, y todavía no tenemos su tutela hasta que no lo dicte el juez», dice Sulleng.
Estos son los trámites, los pasos que Pepe y Sulleng tuvieron que dar para formar su familia, pero su historia está repleta de matices, de sentimientos y de sensaciones que aportan color a su experiencia.
Los sentimientos
«Como madre adoptiva me siento plenamente madre y feliz. Es diferente a lo biológico». Sulleng explica que, «cuando te lo dan, no lo conoces de nada y él tampoco a ti, y es mucho trabajo. Cuando lo ves no se te echa a los brazos, él también te tiene que adoptar a ti».
No fue un camino fácil: «Sayuri estuvo sin querernos dos días y sin parar de llorar, sin querer que la tocasen... pero esto puede pasar». Los padres adoptivos «tienen que trabajar mucho el vínculo, pero es una situación preciosa, cuando lo logras, te sientes la mujer más afortunada del mundo». Sulleng, emocionada, asegura: «La primera vez que Sayuri me dijo 'mama, te quiero' me senté a llorar».
Pepe explica que «son dos experiencias totalmente diferentes. En China es el viaje, no sabes lo que vas a encontrarte, no sabes cómo estará cuidada... La adopción nacional es diferente, es más tranquilo, sabes que va a estar bien cuidado».
El hecho de no poder tener hijos biológicamente «no me causó un gran desasosiego, que mi hijo no fuera biológico me daba igual. Creo que Pepe y yo estábamos destinados a ser padres adoptivos». La felicidad de Sulleng es total: «A veces me siento súper contenta de no haber sido madre biológica porque no hubiera conocido a mis hijos. Estamos muy contentos con los dos, son una maravilla». Pero, «no todo el mundo tiene este sentimiento, hay parejas que ven la adopción como la última posibilidad a la que recurrir».
Sulleng lleva en España «desde el 2003». Ella es cubana; Pepe, español; Sayuri nació en China y el bebé es español pero de madre biológica extranjera. «Somos la familia Benetton al completo», bromea la feliz mamá. Para ella, «adoptar es una de las mejores cosas que he hecho y no por solidaridad. Dicen que los adoptados son afortunados, pero yo digo que la suerte la he tenido yo».