El Día del Alicantino de Adopción convirtió ayer la plaza del Puerto en una España a pequeña escala. Sevillanas, gaitas y tambores hellineros convivieron por unas horas.
Aunque la inauguración oficial de la Feria, de manos del presidente de la Diputación, José Joaquín Ripoll, no fue hasta las 13.15 horas, a las once de la mañana los representantes de diversas comunidades autónomas y provincias ya habían montado sus casetas y ofrecían a los que se acercaban degustaciones de productos típicos e información turística en forma de carteles, calendarios, folletos o incluso alfombras de ordenador.
Miles de alicantinos, de nacimiento o adopción, no quisieron perdérselo y se arremolinaron durante todo el día delante de los puestos para «probar un poquito de cada sitio», reconocía Remedios Sánchez mientras daba cuenta del chorizo conquense.
Este es el primer año de la Casa de las Américas participa en esta celebración. Su presidente, Óscar Strada, calcula que en la provincia viven cerca de 30.000 iberoamericanos, la mayoría procedente de Ecuador, Colombia y Argentina.
En esta caseta se ofrecían degustaciones de las famosas empanadillas argentinas y de los pinchos con chorizo, típicos de los países andinos.
Los gallegos y asturianos, además de las degustaciones de sus productos típicos, llevaron la música de su tierra, mediante sendos grupos de gaiteros que recorrieron la plaza haciendo bailar a todos los alicantinos. En la caseta de la Casa de Galicia no podían faltar las empanadas. Los del Centro Asturiano dieron a probar 600 bollos preñaos y 10 cajas de sidra.
En la Casa de Melilla, el producto estrella era el pollo moruno y en la de Murcia triunfaron los vinos de Jumilla.
Los hellineros se hacían oír a distancia, pues llevaron un grupo de tamboreros e hicieron propaganda de su Semana Santa, declarada de Interés Turístico Nacional. Además de los embutidos, dieron a probar a los asistentes los famosos albaricoques de la zona, «los mejores del mundo», según el presidente de la Casa de Hellín, José Luis López.
Una de las casetas más visitadas fue la de Castilla León. Los alicantinos no quisieron perderse el chorizo y queso del Bierzo, el hornazo de Salamanca y el vino de Ribera del Duero.
Cuerva y 'rebujito'
También hacían cola para probar la cuerva, bebida hecha con vino, melocotón, piña y azúcar, que se ofrecía en la caseta de El Bonillo y Albacete.
La Casa de Andalucía trasladó un pedazo de la Feria a Alicante, con un grupo de cante flamenco y de sevillanas, con el rebujito y el jamón serrano.
Cuenca dio a conocer el alajú, postre típico, y el rejolí, bebida alcohólica también dulce, y la Casa de Castilla-La Mancha, sus embutidos e historia, después del año de El Quijote.
Tras estos aperitivos le llegó el turno a la paella. Miles de personas guardaban una cola que llegó a tener cerca de 500 metros para recibir una de las 4.000 porciones de una paella gigante que cocinaron 18 especialistas. En su elaboración se utilizaron 100 litros de aceite, 150 de tomate y 500 de agua, 200 kilos de pollo, 200 kilos de conejo y de pimientos, 125 kilos de caracoles y garbanzos, 400 kilos de arroz, 20 de sal, 2 de colorante y 500 cabezas de ajo peladas.
Por la tarde, a las 17.30 horas, actuó en concierto el cantante Francisco.