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Cuando deja de hablarse de los problemas, sobre todo de los que afectan a políticos y estadistas, tenemos la sensación de que tales problemas ya no existen. Cuando leí en La Verdad del pasado viernes 2 junio del 2006 que «el juez traslada al fiscal la denuncia por la medalla de EE UU a Aznar» tuve la sensación de que la Justicia sigue funcionando, aunque lo haga a veces con mucha lentitud.
De ser cierto lo que afirma el abogado José Luis Manzón, es decir, que «el ex presidente del Gobierno pagó 2,3 de millones de euros con fondos públicos para los servicios del despacho de abogados norteamericanos Piper Rudnick, que actuó como lobby para la frustrada concesión de la citada medalla», la Justicia debería reclamar a José María Aznar la devolución de dicha cantidad, porque, si se pagó con fondos públicos, esos 2,3 millones de euros pertenecen a todos los españoles.
¿Qué méritos hizo el ex presidente del Gobierno para ser merecedor de esa medalla? No hace falta ser un lince para llegar a la conclusión de que es una recompensa al demérito político por haberse reunido con Bush y Tony Blair en las Islas Azores para apoyar la invasión de Irak, que es una guerra injusta y criminal donde las haya, que está destruyendo todo un país y asesinando a ciudadanos inocentes, y que este apoyo lo decidió Aznar personalmente, sin contar con la opinión mayoritaria del pueblo español, que se manifestó contra esa guerra, que ha situado a nuestro mundo al borde de la Tercera Guerra Mundial, no declarada.
Sigue diciendo esta nota de prensa que «el ex presidente del Gobierno tiene otra denuncia y otras dos querellas contra él, pendientes de resolver en los Juzgados de Madrid, en relación a unos documentos del Centro Nacional de Inteligencia y a un presunto borrado de datos en La Moncloa».
Como vemos, el comportamiento pro yanqui y belicoso del ex presidente Aznar estuvo precedido de una conducta casi delictiva durante el final de su periodo presidencial, lo que significa que este señor no es de fiar y la Justicia debería prohibirle ostentar un cargo público por algunos años, hasta que haya dado pruebas de regeneración moral para dedicarse de nuevo a la política.
En cualquier caso, este asunto es una vergüenza para los políticos españoles y para la democracia representativa por la que nos regimos. No más medallas al demérito procedentes de EE UU. Lo que tienen que conceder a los tres del Trío de las Azores es la cruz de hierro pesada y negra, con un sarcófago en el centro y con una cifra en números rojos, equivalente a las víctimas que se ha cobrado hasta la fecha este cruel conflicto, tan criminal como innecesario.