El presidente de la Fundación de Occidente, Jorge María Ribero Meneses, ha presentado una denuncia en el Tribunal Supremo contra el Ayuntamiento de Alicante y los de Santander, Burgos, Valladolid, Ávila y Tarragona por considerarlos «directos responsables de la destrucción» de importantes obras del patrimonio histórico artístico español.
En el caso de Alicante, la denuncia se refiere a que el frente de edificios construido en la fachada marítima de la ciudad, al pie de la Peña de Benacantil, «oculta literalmente la principal seña de identidad de la ciudad, al tiempo que su primer emplazamiento urbano», que data de época prehistórica y que puede considerarse «una de las ciudades más antiguas del Mediterráneo»: la antigua Leuka o Gallakanta, de la que recibiría su nombre la actual Alacant o Alicante, indica el escrito remitido al Tribunal Supremo .
La denuncia emplaza al Ayuntamiento alicantino y del resto de las ciudades reseñadas a responsabilizarse de la corrección y ratificación de algunos de «los más graves atentados» urbanísticos padecidos por estas ciudades.
Arte en peligro
Ribero Meneses, filólogo e investigador, es el fundador de Arte en Peligro, la primera asociación para la defensa del patrimonio histórico artístico creada en España, en 1973. En su denuncia ante el Supremo, considera que los monumentos y bienes artísticos españoles son víctimas de «la insensibilidad, los manejos y la corrupción de aquellos a quienes les está encomendado el sagrado deber de protegerlos», en referencia a las administraciones públicas y, en especial, las municipales.
En su opinión, el problema no sólo afecta a la destrucción de monumentos y edificios de interés, sino también a la «grave profanación de los núcleos históricos de todas las poblaciones españolas, sin excepción». Por ello, cree que Valladolid, Burgos, León, Palencia o Soria han perdido la oportunidad de ser declaradas Patrimonio de la Humanidad.
La denuncia al Supremo incluye el actual proyecto promovido por el Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de Santander de edificar una barriada de viviendas sociales que acabaría por «destruir y profanar uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de todo el planeta».
De Burgos, se denuncia el Edificio Campo, en la plaza Mayor de la capital histórica de Castilla. De Valladolid, la llamada «manzana de la ignominia», con varios edificios de diversa altura que «destruyen el núcleo monumental más importante» de la ciudad, así como el edificio residencia de los Padres Dominicos, construido «en medio de uno de los conjuntos monumentales más singulares y valiosos de España». De Ávila, Meneses se queja del Edificio Moneo, que «revienta literalmente» la armonía de la zona afectada. De Tarragona, el edificio de reciente construcción que acoge el Archivo Histórico del Arzobispado «y que oculta un amplio lienzo de la valiosísima muralla».
Ribero Meneses cree que la peor agresión al patrimonio se produjo en los siglos XIX y XX, «a consecuencia de tres calamidades: la desamortización de Mendizábal, la Guerra Civil y la brutal y devastadora especulación inmobiliaria generalizada» a partir de la década de 1960 y que, afirma, «ha sido más catastrófica para el patrimonio español que todas las calamidades juntas de los últimos dos milenios».