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Una familia hospital
La casa de acogida 'Dar el Karama' proporciona cariño y seguridad a niños saharauis enfermos
JUNTOS. Miguel González, Leila y los cinco niños recién llegados a la casa. / LOLA GUIL
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Los integrantes de la casa de acogida Dar el Karama, dedicada a niños saharauis con enfermedades graves, funcionan como una gran familia. Y más ahora, que acaban de recibir a cinco pequeños, que se suman a los cuatro que ya vivían allí. Son, por tanto, nueve pequeños, dos monitores saharauis, y el educador, que pasa con ellos la mayor parte de la jornada.

La llegada de los nuevos inquilinos ha llenado de ilusión a los miembros de Dar el Karama, a todos, desde la presidenta Ilde García, pasando por los compañeros, hasta llegar a los monitores y el educador. Reconocen que la tarde del miércoles fue muy especial. «No he podido dormir en toda la noche -afirma Ilde-, llevábamos tanto tiempo esperándolos que es difícil creer que el sueño se ha hecho realidad». «Cuando llegaron a la casa el miércoles y hubo que extender la mesa para que pudieran cenar todos, me sentí feliz de poder tenerlos aquí por fin y de ver la casa llena», comenta Miguel González, el educador.

Y es que los problemas en la obtención del pasaporte colectivo han retrasado mucho el proceso durante más de un año.

Las jornadas comienzan, como en cualquier hogar, con niños desperezándose, desayunos y marcha al colegio, sólo que, en este caso, la organización es algo más complicada. Leila y Zuleimán, monitores saharauis que viven con los niños, los despiertan, preparan el desayuno y los visten.

Todos, salvo los recién llegados van al colegio. «Es importante para nosotros escolarizarlos lo antes posible, para que se relacionen», asegura Miguel. Muchos de ellos llegan sabiendo algo de español, puesto que es la segunda lengua de los saharauis y la imparten en las escuelas. De todas formas, «los que no saben, aprenden muy rápido», apunta Miguel, y muchas veces son sus enfermedades y no el idioma lo que les impide ir al colegio antes.

Por la tarde, dos días por semana, acuden varios voluntarios para ayudarles a hacer los deberes o para jugar con ellos.

La casa no es muy grande, pero tiene suficiente espacio para recibir a diez pequeños. «Antes vivíamos en un dúplex, pero las escaleras eran un obstáculo y el Patronato nos cedió ésta», apunta Miguel González. «Está acondicionada y tenemos todo cerca», incluso la piscina que, según Miguel, «es lo más para ellos, les encanta». El único problema es el transporte. «Necesitamos una furgoneta, tenemos un coche pequeño y es difícil coordinarse para llevar a todos los niños», se lamenta. Algo que tienen muy claro en la casa de acogida es que no hay que imponer a los niños la cultura española. «Ellos pueden rezar, tomamos té y pueden ver la televisión árabe».

Además, hablan constantemente en su idioma con los monitores. «Confían en mí, me cuentan sus cosas y yo les doy consejos; con un español les cuesta más», afirma Leila. Para ella, es su primer trabajo con chavales. «Estoy encantada, son niños que lo pasan mal y arrancarles una sonrisa es algo que te llena de alegría», asegura.

El jueves y el viernes pasados, Hamitu, Alí, Mohamed, Baschri y Halima, los pequeños saharauis recién llegados, tuvieron su primera consulta en el Hospital de San Juan, a manos del pediatra Raúl González. p

Las noticias no fueron buenas. Hamitu y Ali, además de sus malformaciones de cadera y pie, tienen soplos en el corazón, y Baschri une a su criptorquidia problemas respiratorios y retraso psíquico.

A Mohamed y Halima, por el momento, no les han descubierto nada, aparte de la litiasis renal del primero y el problema de metatarsos de la segunda. La semana que viene continuarán con las pruebas de alergia, infecciones y análisis y serán derivados a los especialistas.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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