Ocurrió de madrugada, en junio de 2001. Arturo Castillo, Ángela y sus dos hijas dormían cuando un hombre irrumpió en su chalé de Pozuelo de Alarcón armado con un revólver. El intruso -de origen moldavo- tardó menos de una hora en sembrar el horror para hacerse con el botín: un puñado de joyas y 114 euros. Cuando llegó la Policía, Arturo estaba degollado y Ángela se encontraba grave, con una herida de bala. La mayor de sus hijas tenía una puñalada en el cuello y la menor -de apenas 15 años- había sido violada. El agresor fue capturado, pero nada volvió a ser igual para quienes sobrevivieron al infierno. La familia Castillo fue la primera de España en sufrir un atraco de estas características y, por desgracia, no ha sido la última.