La última comunicación que medió entre la normalidad del día a día y las 24 horas más abrasadoras en la vida del matrimonio Saiz fue una información rutinaria. «Ya he llegado a Madrid». Amparo, la mujer de Manolo Saiz, había quedado con su marido el martes en una notaría del centro de la capital para formalizar unas escrituras. El director del Liberty salía entonces del almacén de Vallecas que posee para guardar el material del equipo. Saiz no llegó a la cita. En el camino, se detuvo en una cafetería.
Amparo se quedó compuesta y sin marido durante un día. Y lo que produjo su angustia, sin saber qué pasaba. Por más veces que llamó desde la puerta de la notaría al móvil de su esposo, no obtuvo respuesta. La señora regresó a Torrelavega por donde había venido, vía aeropuerto de Barajas. Cuando regresó, empezó a recibir información. Saiz había sido detenido y su única llamada la realizó a su abogado. Desde Torrelavega, acompañada por sus dos hijos, Amparo buscó consuelo en la familia. Su hermana acudió a la casa que ocupan desde hace un par de años, desde que Amparo lanzó un «ultimátum» a Saiz: o el ciclismo o tu familia.
Sin noticias de su marido durante 24 horas, Amparo no consiguió dormir el martes. Esperó al teléfono hasta que antes de las tres de la tarde supo que su marido, acusado de ser cliente de Fuentes, había sido liberado.