Mario Vargas Llosa no para. No hay peligro de que le alcance esa idea de convertirse en una estatua que prodiga estos días en las entrevistas, porque no deja de viajar, ni de opinar, ni de escribir. Sus millones de lectores en todo el mundo están estos días de enhorabuena: a la vez aparecen los dos primeros volúmenes de sus obras completas y una nueva novela. Travesuras de la niña mala le sirve para reiterar su decepción con los planteamientos utópicos y también para volver a hablar del amor. ¿Reparará por fin la Academia Sueca en este hombre incansable?