Una vez más, el mundo del ciclismo se ha visto convulsionado por un escándalo de dopaje. Esta vez no han sido las leyes deportivas, sino al igual que Francia e Italia han comenzado los jueces y la policía con investigaciones y posteriores actuaciones amparados en la reglamentación actual del Código Mundial Antidopaje, impulsado por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), que culminará con la Ley Antidopaje que se está tramitando actualmente en el Congreso. Este es un salto cualitativo en la lucha contra el dopaje, que a nivel deportivo, desde los años 60, llevan a cabo tanto la Unión Ciclista Internacional (UCI) como el Comité Olímpico Internacional (COI). A lo largo de todos estos años se ha ido viendo que los esfuerzos de la reglamentación deportiva, sus correspondientes sanciones y el apelar a la ética deportiva no daban demasiados resultados. Otro factor muy importante a tener en cuenta es que, a pesar de que los organismos deportivos incrementaban sus presupuestos año tras año para la lucha contra el dopaje, tanto a nivel de laboratorios acreditados, con avances tecnológicos de detección de sustancias, como en dotación de científicos y técnicos, siempre vamos por detrás en sustancias nuevas, sofisticación de técnicas y métodos.