ra la primera vez que Ricardo Gallardo lidiaba en San Isidro y en las Ventas corrida de toros completa. Salió el tiro por la culata. Muy desigual de hechuras la corrida entera, que fue sorpresa. El lote de El Juli fue epítome de tanta desigualdad: terciado, aleonado por corto de manos y rechoncho el segundo, que no tuvo más cara que la imprescindible para el compromiso; destartalado, basto, zancudo, desmadejado y feamente armado el quinto. En báscula, pesos próximos, pero parecieron de remoto parentesco. Sólo los dos que entraron en el lote de Perera estuvieron en la línea y el tipo por el que se define el perfil de la ganadería.