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Sábado, 13 de mayo de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
TRIBUNA
Se nos muere de cáncer y desvergüenza
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Desde julio de 1998 en el que se extrajeron, de aquella manera, los lodos del Segura y se socializaron por las calles de Orihuela para depositarlos también en nuestros pulmones, desde aquel verano dantesco en el que el alcalde de Orihuela, entre otros lúcidos gestores de ese apocalipsis, tuvo a bien dedicar a nuestra salud parte de ese precioso tiempo que dedica a coleccionar coches, nadie a día de hoy ha entendido como necesario y urgente volver a extraer esos malditos lodos que envenenan a este pueblo y humillan su dignidad. Por la ya clásica cloaca, que forma parte de nuestro recorrido histórico-turístico, hemos pasado miles y miles de personas de la mano de La luz de las imágenes, de ferias, mercados medievales, Semanas Santas, inauguraciones, fiestas de todo tipo, o el día a día, se han multiplicado los presupuestos para adornar y colorear su entorno ante el jolgorio y el pavoneo político de nuestros ilustres visitantes, y, todo ello, con los lodos envenenados como testigo cruel y el gobierno de nuestro Ayuntamiento en sus cosas, como ha puesto en evidencia el fiscal Briones.

Y es que les importamos un carajo. No sólo nuestro patrimonio, como dice el fiscal, ni siquiera el expolio de las aguas del río, como ya dijo el otro fiscal en Madrid, les importa un carajo nuestra salud, que la gente se pueda estar muriendo de cáncer o de cualquier otra enfermedad asociada a vivir en mitad de un vertedero incontrolado, en el que durante muchos años se han vertido purines, incluso, productos cancerígenos, con toda impunidad y la indiferencia añadida de dos «confabulaciones hidrográficas» de distinto signo político.

Me confieso preocupado por esta y otras actitudes y sus consecuencias. Preocupado de que este pueblo haya asumido vivir en mitad de un vertedero, un auténtico museo del horror, como algo inevitable e indisoluble al hecho de votar al PP, de ver y oír a tantos políticos ineptos e indiferentes ante el espanto hablar del estercolero como si fueran pastelillos de las monjas, de que, ya sin disimulo, nos nieguen los datos de incremento de cáncer a los que tenemos derecho, entre otras razones, porque los pagamos nosotros, creando, de esa manera, más alarma social de la que ya existe y el convencimiento de que los esconden en defensa propia, como hacen siempre que se trata de nuestros derechos.

Me preocupan los otros silencios, los miedos de los profesionales que nos llaman horrorizados por lo que ven en sus consultas, de que no lo digan públicamente, de que aquí sólo hablen los tanatorios y los centros oncológicos de la provincia y de otras provincias, de tener que enterrar amigos, conocidos y familiares de amigos y conocidos, con la misma sospecha y el mismo gesto de dolor e impotencia. Y que al mismo tiempo, como si nada de esto fuera con ellos, me preocupa que al señor alcalde, al concejal de Sanidad y al de Medio Ambiente, entre otros y de ahí para arriba, sólo les inquiete en qué puesto irán (o no) en las próximas elecciones, si deben ir (o no) a la inauguración de la nueva sede, si sus voces o sus decisiones políticas figuran (o no) en las grabaciones de El Señor de las Basuras, de su situación con la justicia, de cómo justifican ahora las facturas que nunca existieron o los ingresos musicales que se gastaron en piulas, y, a un año vista, qué margen queda para el mangoneo (político), en una ciudad que se nos muere de cáncer y desvergüenza.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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