«La República no es la dictadura del rumor ni la dictadura de la calumnia». Con este lema, pronunciado con solemnidad en el palacio del Elíseo, Jacques Chirac salió ayer al paso del escándalo provocado por el 'caso Clearstream', cuyas revelaciones en cadena resquebrajan la cúspide de un régimen en plena descomposición. El presidente francés, que reiteró su confianza al primer ministro, Dominique de Villepin, sin lograr atajar los rumores sobre un próximo relevo, condenó «la falta de respeto y la explotación hasta el ultraje de los procedimientos judiciales en curso», horas después de verse acusado de poseer una cuenta secreta en Japón.