«Este coche tiene muchos caballos y un burro, que eres tú. Aquí no se aparca». El conductor se queda estupefacto al leer la pegatina que Javier Cabo acaba de estamparle en una puerta del vehículo, mal aparcado. El ex sindicalista ha repetido la escena más de mil veces, desde hace un año, a un ritmo de diez o doce diarias. Y asegura que está dispuesto a seguir en la brecha de su peculiar protesta y denuncia, por tiempo indefinido.
A Javier le conocen prácticamente todos los trabajadores alicantinos, por su activa etapa como secretario general de la UGT. Pero desde que la enfermedad le tiene postrado en una silla de ruedas aún es más popular, si cabe, por esta su afición a poner multas, si bien que simbólicas, a cualquier vehículo que encuentre estacionado sobre la acera u ocupando vados o pasos de peatones.
«¿Por qué hago ésto? Pues, mira, desde que tengo la enfermedad me he dado cuenta de lo difícil que es moverse por la ciudad en una silla de ruedas. Primero, porque los centros públicos no están adaptados, ni sus accesos tampoco. Y luego por la falta de civismo que hay entre los conductores, que ocupan los pasos haciendo imposible transitar con seguridad a las personas discapacitadas. Muchas veces me he encontrado con la incomprensión de conductores que ocupan un paso de peatones pero se niegan a quitar el vehículo porque dicen que no encuentran otro sitio donde aparcar».
Puntos negros
Es su justificación a la original tarea que le ocupa desde hace más de un año: recorrer las calles más céntricas de Alicante sancionando con pegatinas a diestro y siniestro. Además, también ha hecho otras gestiones con el mismo objetivo: que los discapacitados puedan moverse normalmente en sus desplazamientos por la ciudad. «En Navidad escribí una carta al recién nombrado y todopoderoso gerente de Urbanismo, Sanus, indicándole los puntos negros de movilidad básica para minusválidos en el centro de Alicante. Le pedía un simple pegote de asfalto para facilitar el acceso a las aceras, no que construyera bajadas antideslizantes, ni mucho menos. Pero hasta hoy no he tenido respuesta alguna».
A fuerza de recorrer calles, Javier ha aprendido sus riesgos y las trampas que ocultan para quien debe desplazarse en silla de ruedas. «Maisonave es superpeligrosa, por el tráfico, pero en cualquier calle céntrica puedes volcar con la silla. Y si te atreves a ocupar la vía pública, el riesgo es enorme. Así, ante semejante insensibilidad de unos y otros, me dedico a poner estas multas simuladas a quien estorba y me hace dar un rodeo. A lo mejor el texto de la pegatina no es demasiado correcto, pero seguro que a quien lo lee le sirve para hacerle reflexionar».
Para vivir su experiencia, La Verdad acompañó durante más de una hora a Javier en un recorrido callejero que resultó plagado de dificultades. «Hay gente que con mi actitud se enfada muchísimo. Algunos hasta me insultan porque no consienten que a su bien más preciado, que es el coche, le agredan con una pegatina; algunos la despegan primero y luego acceden a apartar un poco el coche. Otros, ni siquiera eso. La mayoría replica que por qué me enfado si todo el mundo aparca donde quiere. Y afirman que no tiene otro sitio. En eso me demuestran lo burros que son...».
Pese a todo, Javier sigue casi todos los días en su solitaria pero ejemplar lucha ciudadana.