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Me dirijo a ustedes para denunciar la situación en la que me encuentro desde hace dos años, tras un error judicial.
Hace aproximadamente dos años, disfrutando de unos días de acampada en compañía de mi mujer y de varios amigos, tuve una noche bastante alocada en la que ingerí pastillas y alcohol. A continuación de una semisobredosis de pastillas, ya que soy adicto a ellas, se me ocurrió sustraer un ciclomotor a unos chicos que estaban cercanos a nosotros. Después de darme varias vueltas con dicho ciclomotor, decidí devolvérselo pero, claro, la reacción del grupo de chicos fue la de darme una paliza, y yo sin poder defenderme.
Lo único que pude hacer fue pedir auxilio para que alguien me socorriera. Incluso antes de que llegara la Policía, cuatro amigos míos se adelantaron a repeler la agresión y uno de estos, sin mediar palabra alguna, hirió con una navaja gravemente a uno de ellos.
Al día siguiente, dos agentes de la Guardia Civil, con puesto en San Juan pueblo, se personaron en mi domicilio, pero yo no estaba. Pocas horas después me personé en dependencias de la Guardia Civil y, cuál fue mi sorpresa, fui detenido por agresión con arma blanca y sustracción del ciclomotor. Sin más explicaciones, fui puesto a disposición judicial, de donde salí en libertad con cargos.
A día de hoy estoy condenado a cinco años de prisión y una indemnización de 10.493,97 euros. No entiendo nada de nada. Con esto que estoy sufriendo día a día, con la de testigos que había en el lugar de los hechos, que sé perfectamente nombre y apellidos de cada uno de ellos y, por supuesto, los datos del autor de la agresión. Pero no pude el día del juicio poner ante el juez a todos ellos, unos por miedo al agresor, y el agresor está claro que no quiso saber nada. Tiró la piedra y escondió la mano.
Así es mi vida actual: dos hijos, uno de 4 años y otra de 2, trabajando en lo que puedo y me dejan, pagando 400 euros mensuales de indemnización y a la espera de ser encerrado por una cosa que nunca jamás hice. Y el autor, disfrutando por la calle delante de mis ojos, y todo esto por sustraer un ciclomotor. En los próximos días veré a mis hijos por un cristal. Qué divina y eficaz es la Justicia. Sin más, espero que de verdad se haga justicia.