Un equipo de científicos de Corea del Sur anunció ayer que ha descubierto la principal causa de la enfermedad de párkinson. El hallazgo, de confirmarse, podría ser clave para la obtención de un tratamiento eficaz contra ese desorden neurológico, que afecta a millones de personas. Este descubrimiento es fruto de las investigaciones de un equipo científico dirigido por el catedrático Chung Jong-kyeong, biólogo del Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea del Sur. Según el estudio, que se publica en el último número por Internet de la revista Nature, esta dolencia degenerativa está directamente relacionada con los problemas que aparecen en dos genes llamados Parkin y Pink 1, y el consiguiente deterioro de las funciones de las mitocondrias en las células.
El gen Parkin, en condiciones normales, genera una sustancia que ayuda a eliminar las proteínas defectuosas que pueden aparecer en células cerebrales como las neuronas. Los genes Pink 1 ayudan a activar las funciones de las mitocondrias, orgánulos celulares encargados de suministrar buena parte de la energía necesaria para la actividad celular.
Según explicó el profesor Chung, «en el pasado, los científicos no sabían a ciencia cierta si la ruptura de las mitocondrias era la causa del párkinson o su consecuencia». Los últimos experimentos, subrayó, «revelan que las mitocondrias juegan un importante papel» en el desarrollo de esa enfermedad.
Los tests realizados con moscas del vinagre indican que los problemas aparecidos en genes Pink 1 y Parkin de estos insectos impiden a las mitocondrias funcionar correctamente, lo que interrumpe la producción de dopamina, una sustancia química clave para la regulación del movimiento, en la sustancia negra del cerebro. Si la sustancia negra se despigmenta, disminuye la cantidad de dopamina existente en el cerebro y aparecen los síntomas de la enfermedad de párkinson, con destrucción inexorable del sistema nervioso y el tejido muscular.
Falta de dopamina
En 1961, el austríaco Oleg Hornykiewicz descubrió que los pacientes afectados por la enfermedad de párkinson mostraban una deficiencia de dopamina en la sustancia negra del cerebro. Ese deterioro se refleja en desórdenes del movimiento, con temblor incontrolado de los miembros y pérdida del equilibrio y la coordinación, problemas de habla y decaimiento mental en general, que puede desembocar en la demencia.
Tal y como explicó Chung, los experimentos realizados en las moscas del vinagre apuntan a que la corrección de esos problemas aparecidos en el gen Parkin permite detener el proceso degenerativo. Aunque tanto las mutaciones del gen Parkin como las del Pink 1 pueden desencadenar la enfermedad, es el deterioro de este último gen el que juega un papel más importante en la aparición de la dolencia, añadió. Chung explicó que estos últimos descubrimientos dan la clave para averiguar por qué la gente puede padecer la enfermedad de párkinson, lo que derivará en la obtención de un tratamiento adecuado para acabar con la dolencia.
No obstante, dejó claro que «incluso si el material que se está estudiando es determinante, aún habrán de pasar años hasta que se encuentre un medicamento y un tratamiento que puedan ayudar a los pacientes».
Por otro lado, casi la mitad de los enfermos de párkinson del mundo son chinos, según un estudio realizado por el Hospital Universitario Beijing Union y recogido ayer por la agencia Xinhua. Un total de 1,7 millones de chinos sufren este mal degenerativo del sistema nervioso, pero muchos lo ignoran, nunca han sido diagnosticados y menos tratados, reveló Zhang Zhenxin, experto de esta institución.
El estudio reveló, sin embargo, que la incidencia del párkinson entre los chinos es inferior a la media mundial (del 10 por ciento), ya que entre los hombres chinos mayores de 60 años se sitúa en un 1,7 por ciento, y entre las mujeres en el 1,6 por ciento. En el mundo hay unos cuatro millones de enfermos de párkinson, que habitualmente aparece en torno a los 50 años con síntomas de rigidez muscular, temblores, y dificultad de control motórico en general. En China, la mejora de las condiciones de alimentación y trabajo ha permitido alargar la esperanza de vida de la población, pero también trajo un imparable proceso de envejecimiento acompañado del aumento de enfermedades como el cáncer o el párkinson.