 MUY FÍSICOS. De Miguel, que acabó desquiciado y eliminado, recibe el tapón de Scola y David. / A. GARCÍA |
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| 32ª JORNADA DE LIGA ACB |
C.T. 5.500 espectadores Etosa Alicante: Rodríguez (2), Hunter (7), Angulo (12), Lewis (18), De Miguel (4) -cinco inicial-, Hernández (12), Digbeu (3), Weigand (16) y Junyent (-).
Tau Vitoria: Prigioni (3), Hansen (15), Jacobsen (-), Scola (21), Drobnjak (8) -cinco inicial-, Erdogan (12), Ukic (2), David (14) y Vidal (7).
Parciales: 15-16; 17-24; 13-23; y 29-19
Árbitros: García Ortiz, Perea y García Leal. Eliminaron por faltas personales a Ignacio De Miguel (m.36) y a Kornel David (m.40). |
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No se puede tildar de milagro, porque en este caso no lo es, pero sí que supone un logro mayúsculo. El Etosa Alicante -pese a perder ayer con claridad frente al Tau- estará un año más en la ACB merced a la derrota del Manresa, circunstancia que certifica matemáticamente la salvación.
Ricoh y Menorca se medirán en la última jornada, así que a uno de los dos le resultará imposible dar caza al plantel lucentino. Leche Río, con su tropiezo ayer, reconfirmó que tampoco. Así que sonrían, que se lo merecen tras tanto sufrimiento pasado por el tamiz ingrato de la impotencia.
El tercer proyecto de Poch ha sobrevivido a las dudas que le lastraban de modo frustrante gracias a un excelente mes de abril y al compromiso, tardío, de todos los que lo encarnaban sobre el parqué. Fueron treinta días en los que se sumaron seis triunfos en siete encuentros, números que retrotrajeron al respetable a los días de Copa, puro y... playoff. Pero el destino, ese bribón pendenciero que maneja el mundo a su antojo y no regala nada sin ser sobornado, quiso dejar claro que el objetivo se debía sellar sin brillantez.
Y así fue. Se obtuvo por demérito del Ricoh Manresa, algo que, si se piensa, no está del todo mal. Que empieza a hacer frío y no conviene que la gente saque pecho por ahí y se vanaglorie de lo que nunca pensó. Pero entremos en harina.
Lección aprendida
El Baskonia de Perasovic se trajo la lección bien aprendida de Praga y ejecutó la solución a las mil maravillas. Concentrado al máximo en defensa y certero en ataque, sobre todo en el juego interior. Drobnjak respondió con creces a las necesidades de su entrenador y Luis Scola se mostró como el coloso indefendible que es.
Por ahí le ganó Peras el partido a un Poch -mermado por la baja a última hora de Sundov y la fiebre de Oriol-, que hubo de improvisar soluciones de urgencia cuando De Miguel, desquiciado con el arbitraje (que otrora le beneficiaba), se fue al banco con falta técnica incluida tras serle señalada la quinta personal.
Pero eso fue al final. La miga se negoció en los tres primeros cuartos. La diarrea de Nacho Rodríguez le desdibujó sobre el parqué y su equipo lo notó. El juego colectivo brilló por su ausencia, todo lo contrario de lo que acaecía en el Tau. Pablo Prigioni, en el punto más alto de su carrera, controló el partido a su antojo y, de paso, se merendó a Berni Hernández, que era incapaz de conducir el balón hasta la pintura.
Los dos primeros parciales marcaron una diferencia que, a la postre, sería definitiva: +8 (32-40). La dureza de la que hizo gala el cuadro vitoriano le sirvió para incrementar su renta hasta los 17 puntos después de que los lucentinos estuvieran cinco minutos sin anotar tras la reanudación: 43-60.
Ahí se acabó todo, deportivamente hablando, y empezó lo mejor. La afición, gracias al lamentable trabajo de una tripleta arbitral de circo (García Ortiz, Perea y García Leal), descargó toda la adrenalina retenida durante un curso raro que ya habrá tiempo de analizar. Enhorabuena a todos por el derroche de fe y a Axel Weigand por su actuación: 16 puntos y 18 de valoración en sólo 15 minutos. Grande, pibe.