La entrevista se celebra en mitad del Pleno del Parlamento, lo que obliga al lehendakari a salir a la carrera hacia su escaño en un par de ocasiones para ejercer su voto. Ibarretxe deja traslucir ganas de implicarse a fondo en el escenario abierto tras el alto el fuego.
-¿El proceso de paz es tan irreversible que está a salvo de ataques como los de Barañain o Getxo?
-Es evidente que no está a salvo de cosas. Todos hemos trasladado que éste es un proceso complejo y, si lo es, no puede arrugarse de ninguna manera ante los hechos que se dan. Quien practique la violencia está en contra del proceso de paz y también del proceso de normalización, con violencia no podrán producirse acuerdos entre los partidos y tampoco realizar una consulta; y eso tenemos que explicitarlo inmediatamente, con claridad y contundencia. Si tenemos claras estas cosas, podemos seguir caminando. La gran clave es la disposición de todos para que la paz sea irreversible.
-¿Que Batasuna admita la gravedad de esos hechos supone una condena o es mucho decir?
-No entraría tanto en la valoración de hasta dónde llega la respuesta. Lo realmente importante es que se produce con inmediatez y con dos elementos que son de resaltar: la solidaridad hacia las personas afectadas y, fundamentalmente, que están dispuestos a trabajar para que estos actos terminen. Hay quien ha pedido que se rompa el proceso de paz. Y es al revés: tenemos que reforzarlo y trabajar para que no tenga marcha atrás.
-Durante casi un lustro, usted ha sido protagonista de la política vasca y también de la española. ¿Se siente ahora un tanto desplazado?
-La verdad, si por honor se considera que durante cinco años se me haya insultado y arrastrado...
-Dicen que siempre es mejor que hablen de uno, aunque sea mal.
-Yo no participo de eso en modo alguno y no le digo nada si pregunta en mi casa, donde dirán que ese honor es mejor que lo ostente otro. En 2001 hicimos una apuesta arriesgada, con una ETA que asesinaba y con el Gobierno de Aznar en situación de incomunicación perfecta. Demostramos que se podía hablar de política, y que había que diferenciarla de la paz; y nos pusieron a caldo. Hoy, es un punto en común. Y si hemos hablado de política a pesar de que existía la violencia, ahora tenemos una oportunidad inmensa para construir la paz y soluciones políticas. Ése es mi trabajo, propiciar el diálogo entre los partidos, que se llegue a acuerdos y sean sometidos al refrendo de la sociedad vasca. Todos ganamos y nadie pierde con este nuevo escenario de paz. Por lo tanto, que estoy muy contento.
-¿Pero se ve fuera de la mesa de partidos? Batasuna y los socialistas rechazan que usted la presida.
-Eso es legítimo. Yo he trasladado a los partidos que debatan con tranquilidad sobre lo importante, que no es quién va a coordinar o convocar la mesa o cómo se llame, sino que entre todos pactemos unas condiciones mínimas para que, una vez puesto en marcha ese diálogo multipartito, surjan acuerdos. Ésa es mi auténtica obsesión.
Derecho a decidir
-La paz ni siquiera está asentada.
-Lo realmente importante es por dónde queremos transitar. Este Gobierno ha trasladado un camino, que, aunque no tiene compromisos sobre el calendario, sí fija lo que nos gustaría: que cuanto antes confirmáramos el proceso de paz y que cuanto antes se dieran acuerdos políticos con mayorías amplias. Como lehendakari, no propondré a la sociedad vasca que ratifique un acuerdo que previamente haya sido cepillado en Madrid, lo digo con toda claridad, para que no se engañe nadie.
-Y tampoco ninguno que no incorpore el derecho a decidir.
-Vamos a ver. En el corazón del proceso de normalización está alcanzar un acuerdo sobre el derecho a decidir y la obligación de pactar cómo se ejercita. Me parece legítimo que alguien diga 'no, yo no asumo que la sociedad vasca tenga ese derecho'. El PP lo ha dicho y un líder del PSOE (Alfonso Guerra) manifestó que la sociedad vasca puede decidir, pero sobre lo que Madrid haya pasado el cepillo. Lo que hay que aclarar es si respetamos o no la decisión de la sociedad vasca. Y si decimos que sí, como sostiene una parte del PSOE, pues acordemos.
-Si no se reconoce ese derecho, ¿se cerrará en falso el conflicto vasco? Y si se admite, ¿zanjará el encaje de Euskadi en España?
-No es un problema de cerrar en falso. En 1839 se produce la abolición de los fueros por la fuerza. La Constitución española dice amparar los derechos históricos del pueblo vasco, unido al propio Estatuto. Y yo digo que la Constitución del pueblo vasco son los derechos históricos y que de su actualización vendrá el modelo de solución. Estoy absolutamente convencido de que la solución del conflicto político no vendrá de que Zapatero y yo hablemos del transporte mecánico por carretera. La discusión es 'derecho a decidir, obligación de pactar'. El debate es si la sociedad vasca tiene derecho o no a decidir. Y tengo claro que no resolveremos el problema que tenemos desde hace 167 años si no se respeta la decisión de la sociedad vasca.
-¿Realmente ve al presidente del Gobierno español aceptando una fórmula del derecho a decidir pactada y votada sólo entre vascos?
-Es que no es el presidente del Gobierno español o el lehendakari quienes van a decidir esto; se va a decidir aquí, en la sociedad vasca. Sé que es muy importante su opinión, pero, por encima de lo que Zapatero quiere que sea Euskadi, o por encima de lo que el lehendakari quiere que sea Euskadi, ¿no le parece mucho más importante conocer qué es lo que queremos ser los que aquí vivimos y trabajamos? El foco para la solución del conflicto y para alcanzar acuerdos políticos no va a estar en Madrid, va a estar aquí.
-¿Pretende Zapatero, como ha sugerido algún portavoz nacionalista, constitucionalizar ese derecho?
-No lo sé. Creo que Zapatero es consciente, como yo, de que el respeto a la decisión de la sociedad vasca está en el corazón de buscar una solución política. De esto somos conscientes absolutamente todos.