La reaparición de Bin Laden ridiculiza de nuevo a los Estados Unidos, país que ha emprendido dos guerras para intentar capturarlo y tomar represalia por los atentados terribles del 11-S. De ahí que resulte pintoresco que para la Casa Blanca la cinta difundida por las televisiones árabes demuestre que el liderazgo de la red terrorista está «en retirada y bajo mucha presión». La supervivencia de Bin Laden y el hecho de que haya salido a los medios a denunciar las presiones sobre Hamás después de que esta organización ganase las elecciones en Palestina deberían ser un motivo de profunda preocupación para la comunidad internacional, que tiene ocasión de ver cómo sigue intacto el caudal de fanatismo que ha provocado el caos diplomático del mundo y que a punto está de generar un desastre económico, si finalmente Irán se obstina en mantener su pulso y acaba peligrando el abastecimiento de los mercados de petróleo. En cualquier caso, el hecho de que Occidente castigue a los palestinos por su opción electoral no facilita el éxito del proselitismo democrático que nuestros países deberían realizar en el ámbito islámico