Aunque el tripartito trata de parecer eufórico en vísperas del referéndum de junio que pondrá de manifiesto con toda crudeza su propia insostenibilidad, hay ciertos indicios de fin de etapa que ponen de manifiesto que los propios protagonistas del naufragio se encuentran en actitud testamentaria. En la fiesta de San Jorge, Maragall, airado con el mundo, explicó el Estatuto de la manera más inaceptable posible, como un pacto entre «las dos soberanías», la catalana y la española. Y los diversos actores de Esquerra Republicana, conscientes seguramente de que se les acaban la visibilidad y el coche oficial, extreman las piruetas, tanto las meramente declarativas como las testimoniales. Así por ejemplo, el Departamento de Bienestar y Familia de la Generalitat ha festejado el día del libro obsequiando a todos los funcionarios con El gran libro por la independencia de Francesc Ferrer y Gironés. Aunque más de un trabajador lo ha devuelto con indignación, el gesto es bien expresivo de un radicalismo terminal, que se sabe a punto de ser engullido por una marea de moderación que lo desplazará de nuevo durante mucho tiempo.