Cerca de un veinte por ciento de los ingresos de los pacientes mayores de 75 años están relacionados con los efectos directos o indirectos de los medicamentos. Entre estos efectos adversos se halla el incremento del riesgo de caídas. Según un informe elaborado por la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc), tres de cada diez ancianos mayores de 70 años que sufren caídas están asociadas al consumo de fármacos, sobre todo los dirigidos a controlar la hipertensión, los antidepresivos y los ansiolíticos.
La ingesta de estos medicamentos se encuentra entre los factores de riesgo de caídas junto a los déficits sensoriales, los trastornos neurológicos o relacionados con el equilibrio, los hábitos tóxicos, la actividad física habitual y la fragilidad del hueso. Esta es la razón de que los médicos aboguen por una revisión farmacológica que reduzca el riesgo de caídas así como evitar el uso de las benzodiacepinas y de los psicotrópicos.
El citado estudio revela igualmente que tres de cada diez ancianos que sufren una caída no lo comunican a los servicios sanitarios por considerarlo un accidente habitual.
Consecuencias
La fractura de cadera, que se produce en un cinco por ciento de los casos, constituye una de las consecuencias clínicas más importantes de las caídas pero, además, se pueden producir diversas contusiones como son los desgarros y roturas musculares que producen una disminución de la capacidad funcional y conllevan una importante pérdida de autonomía.
Las caídas pueden causar también lesiones neurológicas como hemorragias y hematomas que pueden acarrear graves consecuencias, así como fisuras en las costillas asociadas a trastornos respiratorios que pueden desencadenar o agravar un fallo cardíaco o respiratorio. El miedo a una nueva caída puede llevar a la inmovilización y originar incontinencia y úlceras en la piel, entre otros.