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Por fuerza hay que hablar ya de verdadera obstinación en el sector de la derecha que sigue manteniendo, contra toda razón, la verosimilitud de la pista etarra en los atentados del 11-M. El director de El Mundo ha esgrimido con beligerancia esta descabellada hipótesis en su entrevista a Zapatero recién publicada con gran aparato. Y Jaime Ignacio del Burgo, diputado del PP y portavoz de este partido en la comisión de investigación sobre el 11-M, firmaba ayer en el mismo periódico un larguísimo trabajo lleno de sofismas sobre el particular. El contrapunto lo publicaba también ayer ABC, con una solvencia incontestable: «Once informes policiales descartan la vinculación de ETA con el 11-M», decía el titular de portada de este periódico, que, como siempre, deslinda con claridad sus preferencias ideológicas de la verdad desnuda que, por imperativo moral, debe entregar lealmente a sus destinatarios, que depositan en él la gestión de su libertad de información. Aferrarse a conspiraciones inexistentes, y que por ello mismo jamás podrán probarse, es un ejercicio intelectualmente inadmisible y políticamente muy peligroso. Deberían entender quienes se empecinan en el error que se están jugando irremediablemente su credibilidad.