Un triple atentado suicida cometido a la salida de la oración del viernes contra una mezquita chií del norte de Bagdad se cobró ayer la vida de al menos 79 personas y provocó heridas a más de 200.
Los fieles acababan de salir del templo de Buratha y caminaban por una galería de cemento armado -que tenía como objetivo protegerles- cuando tres kamikazes hicieron estallar sus cargas explosivas en medio de la muchedumbre.
Al conocerse el alcance de lo sucedido, las autoridades lanzaron llamamientos a través de la televisión pública para que la población donara sangre en los tres hospitales donde fueron ingresadas las víctimas, muchas de las cuales se encuentran en estado muy grave.
El Ministerio del Interior había advertido de posibles acciones terroristas con coches bomba en lugares susceptibles de servir para congregar grandes aglomeraciones de gente, como mezquitas, iglesias o mercados, pero los rebeldes lograron no despertar sospechas usando cinturones explosivos en lugar de vehículos con cargas. El Ministerio avisó también de que castigaría a los policías «que no tomen las medidas necesarias para frustrar ataques terroristas en sus zonas», un reconocimiento implícito de la infiltración de militantes extremistas dentro de sus filas.
El triple atentado es el segundo dirigido contra los chiíes en las últimas horas. Diez civiles resultaron muertos en un ataque con coche bomba perpetrado el jueves en la ciudad santa chií de Nayaf.
De cualquier manera, fue uno de los más graves de los últimos meses, y se produjo el mismo día en que el embajador de Estados Unidos en Irak, Zalmay Khalilzad, dijera que había disminuido la actividad de la insurgencia gracias, en parte, a los «contactos» que la Administración Bush ha mantenido con grupos rebeldes.
Americanos muertos
Sin duda, no estuvo acertado. Porque al atentado contra la mezquita se unió la muerte de tres soldados norteamericanos en distintas partes del país en escaramuzas contra convoyes, explosiones de artefactos al paso de sus vehículos o durante una operación de combate contra enemigos.
El diplomático admitió, sin embargo, que existe un riesgo real de guerra civil en Irak ante el aumento de la violencia sectaria, que en las últimas semanas se está cobrando víctimas suníes y chiíes. Ante la falta de avances para formar el nuevo Gobierno iraquí, el embajador norteamericano dijo que se agota la paciencia de la comunidad internacional con los líderes políticos iraquíes.
Han pasado casi cuatro meses desde las elecciones del pasado 15 de diciembre y los distintos partidos siguen sin llegar a un acuerdo para la formación de un Gobierno de unión nacional.
Los chiíes confesionales de la Alianza Unida Iraquí han propuesto el nombre del actual primer ministro, Ibrahim al-Yafari, quien, sin embargo, no logra ningún avance en sus negociaciones para la formación del Gabinete, pues todos los demás grupos -chiíes laicos, suníes y kurdos- se niegan a aceptarle como jefe del Gobierno.
Al-Yafari rechaza aceptar los llamamientos en favor de que renuncie a su candidatura. «Me atengo al proceso democrático que condujo a mi designación y rechazo toda demagogia sobre este tema», reiteró el jueves tras haber perdido el apoyo unánime de su coalición.
El primer ministro saliente subrayó, no obstante, que está dispuesto a renunciar a su candidatura si así se lo pide el Parlamento, surgido de las legislativas del 15 de diciembre de 2005. El presidente Yalal Talabani propuso el martes que sea la Cámara la que vote el candidato para ocupar la jefatura del nuevo Gobierno.
Washington y Londres, por su parte, siguen insistiendo ante los líderes iraquíes para que den al país del Golfo, lo antes posible, un Ejecutivo de unidad nacional, que será el primero democrático tras la caída del ex dictador Sadam Hussein. «Cuanto más duren las cosas, los terroristas se frotarán más las manos, porque eso les da la ocasión de provocar dolor y poder decir que la clase política iraquí es incapaz de unirse», advirtió el jueves el ministro británico de Defensa, John Reid.
«Los terroristas aman el vacío», añadió Reid ante la prensa tras la reunión que mantuvo en Washington con su homólogo estadounidense, Donald Rumsfeld, centrada en Irak.