La Verdad Digital
Domingo, 2 de abril de 2006
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OPINIÓN
TIRANDO A DAR
Dictaduras
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Creemos que necesitamos de una técnica especial para mirar un cuadro, para ser capaces de leer qué mensaje puso en él su autor, pero no damos importancia a la forma de mirar el mundo, cuando es mucho más importante saber contemplar la fugacidad de un atardecer, que bien puede ser el último para nosotros, que la perennidad de un cuadro que pueda sobrevivirnos.

Quizá por eso, carentes de esa mágica técnica que nos permita otorgar importancia a las cosas que realmente la tienen, dejamos que los descuideros de nuestra existencia nos la roben en esas mil cotidianas cosas que, no sabiendo elegir, relegamos a diario.

¿Vivir o residir? He ahí una de las cuestiones. A veces dejamos de vivir en un pequeño piso de ciudad para residir en una enorme casa de varios pisos en una urbanización de lujo o no, pero que nos impide regresar a casa para comer y nos obliga a tener varios coches y a gastarnos un buen dinero extra en gasolina y mantenimiento de la miraquecasamásgrandetengo. Eso sin olvidar la parte de tiempo que hay que dedicar a ser taxista de los hijos o a perder horas de sueño y de tranquilidad cuando los chicos deciden realizar el trayecto en moto.

Vivir o residir. This is the question. Se puede residir en un trabajo cojonudo, una casa magnífica, un matrimonio que otorgue estabilidad monetaria y hasta un dúplex en la playa, pero todo eso bien puede cicatearnos la vida. Claro, que hay que echarle muchos bemoles a la cosa para ser capaces de elegir, de simplificar, de eliminar de nuestra existencia todos los eslóganes engañosos y andar tras la más elemental felicidad.

¿Proporciona felicidad, por ejemplo, llegar a fin de mes con la cuenta más roja que la bombilla de un puticlub de carretera, sin poder cubrir las necesidades básicas y, mucho menos las caprichosas, por andar pagando no sólo la hipoteca de la casa, sino la de la segunda residencia y los plazos de un gran coche? Pues alguno de ustedes me dirá que sí y me argumentará que las vacaciones son necesarias y los coches, imprescindibles. Y, sí, llevan razón. Pero sólo en parte, porque aquí nadie habla de renunciar a nada sino de simplificar y desmarcarse de la tiranía, de la dictadura de una espiral consumista y destructiva. Quién dice que por no tener una casa en la playa no se pueda veranear. O, acaso un coche pequeño, menos ostentoso y por tanto más barato, incluidas las reparaciones, ¿no nos transporta de igual manera?

Nos imponemos dictaduras en las que nos prohibimos pasar más tiempo con los hijos, acabar antes con las tareas de limpieza porque la casa sea más pequeña y haya menos objetos innecesarios, tener un armario justo, una cantidad de zapatos razonables etc., por conseguir más dinero que nos permita, entonces, disfrutar más y mejor de la vida. ¿No creen que es totalmente contradictorio a la par que estúpido?

Otras dictaduras, llámense familiares, laborales o gubernamentales podrían tener como única bondad el consuelo de que son otros quienes nos obligan a elegir determinadas opciones y, por tanto, podríamos culparlos de nuestras desdichas y, a la vez, evitarnos tener que decidir entre las diferentes iniciativas que nos dé la vida o la existencia, que, por mucho que parezcan la misma cosa, no lo son. Pero eso no ocurre con las económicas porque somos nosotros mismos quienes nos las imponemos y, por tanto, no podemos esperar que otros nos liberen de ellas.

Y lo peor es que cuando caigamos, víctimas de infartos, accidentes de tráfico, neurosis, depresiones lo haremos sin heroicidad, mártires del sistema, aunque, por desgracia, eso no pueda ponerse como causa de la muerte en la tarja mortuoria.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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