En una de las pocas noticias positivas dentro de la sucesión de sangrientas tragedias que viene protagonizando Irak, la periodista estadounidense Jill Carroll recuperó ayer la libertad en Bagdad después de casi tres meses de cautiverio a manos de insurgentes que querían utilizar a la joven reportera como pieza de trueque. Después de haber aparecido en un angustioso vídeo llorando y suplicando por su vida, la colaboradora del Christian Science Monitor en sus primeras declaraciones insistió que sus captores la han tratado «muy bien». En una llamativa demostración del llamado síndrome de Estocolmo, Carroll destacó que sus secuestradores «nunca me han pegado e incluso nunca me amenazaron con hacerlo».
La liberación de Carroll se materializó ayer por la mañana a las afueras de Bagdad, al ser entregada a miembros del Partido Islámico de Irak, principal fuerza política de los suníes. A la espera de ser repatriada, la joven fue trasladada temporalmente a la Zona Verde, el terreno fortificado en el centro de Bagdad donde se encuentra entre otros centros de poder la Embajada de Estados Unidos.
El embajador Zalmay Khalilzad, negando ningún acuerdo o pago de rescate, indicó que la periodista se encuentra en buen estado de salud y con la moral alta.
La periodista de 28 años, vestida todavía con el atuendo típico de mujeres árabes en Irak, aseguró desconocer dónde ha pasado exactamente su cautiverio, dentro de una habitación con una ventana bloqueada pero con acceso a una ducha. Durante este tiempo habría tenido oportunidades esporádicas de ver la televisión y leer periódicos pero sin saber que existían intensas negociaciones para su liberación. Según Carroll, «todo lo que puedo decir ahora es que estoy muy contenta. Estoy contenta de estar libre y quiero estar con mi familia».
Violencia y anarquía
Por lo menos para la opinión pública estadounidense, Jill Carroll y sus periódicos mensajes de vídeo emitidos por canales de televisión satélite en árabe estaban sirviendo para ilustrar la violencia y anarquía que vive Irak a tres años del uso de la fuerza para derrocar el régimen de Sadam Hussein. Impresión confirmada por las propias estadísticas del Pentágono que desde mediados de febrero arrojan una media diaria de 75 muertos y heridos en continuos enfrentamientos, atentados y ajustes de cuentas entre las confesiones iraquíes.
En Estados Unidos, la familia de Jill Carroll, su periódico y hasta el Gobierno federal expresaron su alivio y alegría por el desenlace inesperado pero feliz de este secuestro en el que fue asesinado el traductor iraquí de la periodista. El presidente Bush, de visita en México, manifestó especialmente su agradecimiento «a aquellos que han trabajado duro para su liberación».
Por su parte, Richard Bergenheim, director del Christian Science Monitor, recalcó que no se ha realizado ninguna concesión para ganar la libertad de su colaboradora, retenida desde el pasado 7 de enero por un grupo de insurgentes autoidentificado como la Brigada de la Venganza. Facción que había exigido la liberación de todas las mujeres detenidas por las fuerzas de Estados Unidos en Irak.